Hijo de
Hugo el Grande, Hugo Capeto heredó de su padre el ducado de París y parte de Borgoña. A la muerte de Enrique IV en el año 987 se convertía en rey del país, inaugurando así la dinastía de los Capetos que gobernaría hasta el siglo XIV. Su nombramiento se debió al apoyo de buena parte de la nobleza y al clero, realizando importantes donaciones a ambos estamentos con los que agradecer la elección. Asoció al trono a su hijo Roberto con lo que convertía
la monarquía en sucesoria.