Hijo de
Enrique IV y último emperador de la dinastía franca, firmó la paz con varios príncipes alemanes y logró victorias en
Hungría,
Bohemia,
Polonia y Flandes. Continuó la política de su padre en contra del
Papado por la cuestión de las investiduras, lo que le llevó a invadir Italia en dos ocasiones. En 1111 fue proclamado emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Aceptó en 1122 el Concordato de Worms con la Santa Sede.