Enemistada con su esposo
Eduardo II y sus favoritos, huyó a Francia junto con su amante Roger Mortimer en 1325 aprovechando una misión oficial. Volvió a Inglaterra un año más tarde y promovió una rebelión que hizo abdicar a Eduardo II en 1327. Se convirtió entonces en regente de su hijo
Eduardo III, quien la depuso en 1330 por los escándalos que provocaba la relación con su amante, a quien mandó el rey ajusticiar.