Destituido de la regencia por Ana de Saboya y el megaduque Apococos, se proclamó a sí mismo
emperador en 1341, aunque reconociendo nominalmente la legitimidad de
Juan V como heredero. Hubo de enfrentarse a los ataques de
venecianos,
turcos, genoveses,
búlgaros y servios, quienes intentaban aprovecharse de la debilidad del en otro tiempo poderoso
Imperio Bizantino. Fue depuesto en 1355 por una revuelta militar, lo que le hizo retirarse como monje al Monte Athos, donde escribió una historia de su reinado en cuatro volúmenes.