Elegido emperador a partir de 1391,
el imperio era apenas una sombra de su antiguo esplendor, compuesto por la capital y el despotado de Morea y expuesto a la pujante presión turca. Los países de Occidente, ligados a Bizancio por lazos históricos y religiosos, intentaron sin éxito frenar el avance turco, siendo derrotados en
Nicópolis, en 1396. El emperador Manuel II nombró corregente a Juan II y se dirigió a Occidente en busca de ayuda, sin lograr ningún resultado. Como consecuencia, en 1422, tras el asedió a que fue sometida Constantinopla por los turcos, Manuel II hubo de reconocerse vasallo de Murat II, soberano turco.