Nacido en Grisac, su nombre civil era Guillaume de Grimoard. Tomó los hábitos benedictinos y fue designado abad de San Víctor en Marsella. Sin alcanzar el rango de cardenal, fue proclamado papa a la muerte de
Inocencio VI. Pese al
restablecimiento de la sede papal en Roma por
Gil de Albornoz, fue obligado a continuar residiendo en
Avignon.