La obra de Diego Quisque está influida por los grabados nórdicos manieristas que llegaron al
Perú, tomándolos como fuente única, añadiendo escasos elementos de su propia invención. Sus figuras ofrecen un cuidado detallismo y generalmente aparecen sobre paisajes repletos de flores y pájaros piando. Realizó tres series para la iglesia parroquial de su ciudad natal donde puso de manifiesto su estilo, alcanzando un importante éxito.