Fue el último obispo de la secta protestante "Unión de los hermanos bohemios", defendiéndola con sus escritos y trabajos. La persecución que sufrió el grupo le obligó a huir de su país, realizando un recorrido por Europa en el que intentó defender sus tesis al mismo tiempo que promulgaba la paz de pueblos y religiones. Sus ideas plantean la existencia de un gobierno válido para todos al igual que la cultura y la religión debían ser conciliadoras. Es considerado el
promotor de la pedagogía moderna en su obra "Orbis sensualium pictus" donde defiende la necesidad de abandonar una fórmula formal de enseñanza.