A los catorce años fue enviado a estudiar a los jesuitas de Toulouse, lo que le permitió comprender el desfase cultural en el que se hallaba la España del siglo XVIII. Nombrado diputado general de Guipúzcoa en varias ocasiones y alcalde de Azcoitia, desde sus
cargos políticos intentó defender postulados ilustrados. Como firme defensor del
cartesianismo y de la
ciencia experimental, se enfrentó dialécticamente al padre
Isla. Se interesó también por el teatro, realizando pequeñas obras en las que incluyó fragmentos en euzkera. Su principal logró será la fundación de la Sociedad Vascongada de Amigos del País que surgió de la tertulia que se desarrollaba en su casa, obteniendo la sanción real en 1765. Esta sociedad tendrá como objetivos la
difusión de las nuevas tendencias culturales y científicas que se daban ya en Europa, objetivo para el cual también fundó el Seminario de Vergara como centro de enseñanza.