Los primeros éxitos de su carrera militar se producen al otro lado del Atlántico, donde se traslada para apoyar
la guerra de la Independencia. Su vuelta a Francia en 1781 estaría marcada por su participación en
la Revolución francesa. A finales de la década de los ochenta asciende a comandante de la Guardia Nacional, al tiempo que consigue una representación en
la Asamblea Constituyente. Su doctrinario político de corte liberal se definió por la defensa de la soberanía popular y la libertad de prensa y culto, entre otras medidas. En 1792 la Asamblea le tachó de traidor, por lo que tuvo que trasladarse a Bélgica. Una vez más sus ideales le condujeron las cárceles de Austria y Prusia, donde permaneció retenido hasta 1797. Todas estas trabas provocaron su retirada de la vida política durante un largo periodo. En el gobierno de los Cien Días ocupó el cargo de diputado. La Fayette, aprovechó su posición para emprender una insistente lucha contra
el emperador. Mostró su apoyo a la monarquía de
Luis Felipe. Sin embargo, las medidas represivas de este monarca despertaron una vez más su espíritu combativo para luchar desde la oposición.