Cursó estudios eclesiásticos y en 1788 fue nombrado obispo de Autun. En
los Estados Generales, como diputado, propuso que las propiedades de la Iglesia fueran declaradas nacionales y salieran en venta para ayudar al Estado. Durante el siguiente periodo estuvo entre Francia, Inglaterra y Estados Unidos hasta que regresa en 1796. Fue ministro de Asuntos exteriores y siempre apoyó la vuelta de la monarquía. Con
Luis XVIII ocupó el ministerio de Negocios extranjeros, puesto que volvió a detentar durante la segunda Restauración. Los acontecimientos, sin embargo, le obligan a abandonar momentáneamente su cargo hasta
la revolución de 1830. Con
Luis Felipe de Orleans en la monarquía es nombrado embajador de Londres. Gracias a su diligencia diplomática incrementó su prestigio, al ser quién propuso un periodo de paz. Su actuación más importante tuvo lugar en la firma de la cuádruple alianza entre España, Portugal, Inglaterra y Francia. Cinco años después dimite y se retira de la vida política, aunque siguió siendo uno de los principales consejeros del rey en la intimidad.