Desde sus años de juventud ya hizo público su carácter exaltado. Fue miembro de los Jacobinos hasta 1791. Participó en varias campañas, recorrió Europa e, incluso, atravesó el Atlántico. Coincidiendo con el periodo de
la Restauración regresa a París. Tras la coronación de
Carlos X es nombrado por el monarca Alteza Real y recibe una sustanciosa suma de dinero en compensación por el tiempo que ha estado lejos de su patria. Mantuvo una buena relación con
Talleyrand y subvencionó la creación del periódico "El Nacional", cuya línea ideológica era contraria a la política de Carlos X. Cuando surge la revolución de 1830 se escondió hasta que el 30 es nombrado rey. Esta coronación fue aceptada con agrado por parte del resto de las naciones europeas que no veían con buenos ojos la República. Su política interior fue represiva, a pesar de su juventud revolucionaria. Bajo su poder se lograron importantes progresos materiales. En política exterior apoyó a los carlistas en España. En su patria se encontró con la oposición de muchos sectores. Con
la revolución de 1848 y la proclamación de la república tiene que dejar el cetro. En esta fecha marcha a Gran Bretaña, donde muere.