Descendiente de
Pablo I, sucede a su hermano
Alejandro I en el trono en 1825. A este
zar se debe el autocratismo. Tenía mano de hierro y actuaba con crueldad, como demostró al aplacar el movimiento decabrista. En política exterior también reprimió duramente las revueltas de 1830 en Polonia y de 1849 en Hungría, al lado de Austria. Por otra parte, su anhelo por ampliar sus dominios determinó su actuación en varios conflictos en los Balcanes. Defendió el despotismo ilustrado y fue artífice de progresos en los ámbitos culturales y económicos.