Tras la abdicación de
Pedro I en 1831 debido a una insurrección popular en Río de Janeiro, la corona imperial recayó en su hijo Pedro II que tenía seis años. Durante esta minoría será una
Regencia quien ostente el gobierno, controlando los conservadores los resortes del poder. En 1840 será declarado mayor de edad debido a la presión del partido liberal y el joven
Pedro II intentó arbitrar las querellas entre ambos partidos, aunque su tendencia natural era apoyarse en los conservadores. En 1865 estalló la guerra del Paraguay que se extendió durante cinco años. La impopularidad de este conflicto será una de las causas de
la crisis del Imperio, sumándose el enfrentamiento del emperador con la Iglesia. Un pronunciamiento republicano acabó con el Imperio en 1889 y Pedro II huyó a París donde falleció.