A lo largo de su trayectoria política ocupó importantes cargos. Asumió la jefatura del Ministerio de Obras Públicas y Financias y tras la dimisión de Grévy fue elegido en 1887 presidente de
la III República. Para alcanzar este puesto contó con el apoyo de
Clemenceau. Siete años después un
anarquista italiano puso fin a su vida en Lyon.