Cirujano militar de profesión, en 1889 ingresa en el Instituto de Higiene de la Universidad de Berlín. Poco después deja este lugar para continuar su carrera profesional en el Instituto de Enfermedades Infecciosas. Su trayectoria continuaría en la Universidad de Halle y Marburgo, donde fue profesor. Su gran aportación a la ciencia fue el
suero para combatir la difteria, una de las enfermedades que más bajas causaba entonces. Por este descubrimiento que logra curar incluso a personas que ya habían contraído la enfermedad en 1901 fue merecedor del Nobel de Fisiología y Medicina. Con el tiempo mejoró su vacuna y trató de buscar una solución para hacer frente a la tuberculosis.