Hildebrand, mejor teórico del arte que escultor, fue junto con
Rodin quien más impulsó la renovación de la escultura de su tiempo. Admirador también de
Miguel Angel, abogaba tenazmente por el regreso al método renacentista y artesanal de la talla directa a través de "El problema de la forma".Como escultor, sus obras más significativas fueron Un adolescente (Berlín, Staatliche Museen), de 1884, una estatua de mármol donde acaso refleja en exceso sus ideas sobre la pureza, la claridad y la austeridad de las formas, y La fuente de Wittelsbach, de 1895, ubicada en Munich, en la que también adecua sus teorías a un monumento público.