En su deseo de recuperar las formas casi desaparecidas durante su etapa
impresionista, Renoir viaja a Italia, descubriendo a los grandes maestros del
Renacimiento, especialmente
Rafael. A su regreso se enzarza en una de sus obras más importantes, dedicando tres años a la ejecución de esta escena en la que varias jóvenes desnudas se bañan en un riachuelo, presentando a las figuras bajo una resplandeciente iluminación solar. Las líneas que crean esos sensuales volúmenes son las principales protagonistas, tomando como modelo a
Ingres. Los brazos, las piernas o los pechos son dibujados a la perfección, sin enfrentarse al color como apreciamos claramente en el paisaje, tratado incluso con una pincelada rápida y vigorosa. La sensualidad que transmiten las modelos traen a la memoria a
Rubens o a
Tiziano, maestros admirados por Renoir.