Sigue la tradición de su padre Jacob Guerritsz, un famoso retratista, y se dedica a la pintura. No obstante, se decanta por el paisaje. En primer lugar toma con modelo la obra de
Van Goyen, luego se interesó por la tendencias italianizantes. Supo reflejar con gran maestría los efectos atmosféricos gracias a su dominio de la luz y el color.