Construido en la Baja Edad Media, entre los siglos XII y XIII, el Puente de San Miguel, con 96 metros de largo, salva el paso por el río Aragón. En su estructura se distinguen tres arcos apuntados desiguales. En 1943 fue reconocido Monumento Histórico-Artístico y en esa misma época Miguel Fisac se hizo cargo de su restauración.