Conocido hoy en día como Palacete Albéniz. Aunque Barcelona ya poseía un palacio real, el de Pedralbes, se optó por alojar a la familia real española en el mismo recinto de
la Exposición. No sigue las pautas de la arquitectura mediterránea y catalana como la mayoría de los palacios de la Exposición, sino que se encuentra más cercano a los gustos borbónicos y de la Corte madrileña. Construido con piedra y ladrillo, sus cubiertas son de pizarra. Está inspirado en
palacio de La Granja de San Ildefonso y el
monasterio de San Lorenzo del Escorial.A pesar de haber sido adaptado a sus nuevas funciones, primero a alojamiento de personajes ilustres y, posteriormente, a residencia de la familia real española en sus estancias oficiales en Cataluña, conserva sus características originales, que lo hacían diferente al resto del conjunto de
la Exposición, aunque ésta no se caracterizaba precisamente por su homogeneidad estilística.