Uno de los empeños fundamentales de los concejos
en el siglo XVI fue la renovación de las puertas de ingreso a la ciudad, por
razones tanto funcionales como de carácter estético y emblemático. Buena
prueba de ello es el Arco de Santa María de
Burgos,
construcción en la que se combinan aspectos góticos y renacentistas, y
cuyo programa iconográfico sirve, en este marco monumental, de
permanente glorificación del emperador
Carlos y de la
historia de la propia ciudad. De marcado carácter defensivo, fue sede del
cabildo burgalés. Los encargados del proyecto fueron Francisco de
Colonia y
Juan de Vallejo mientras que las esculturas son
obra de Ochoa de Arteaga.
La puerta de Santa María simula un castillo, con dos robustos cubos que
encuadran el arco de ingreso.
Sobre el arco hay distintas hornacinas en las que se ubican las estatuas
de famosos burgaleses y del emperador
Carlos V, todo
ello presidido por Santa María la Mayor.
En su interior destaca la típica escalera medieval y algunos restos
mudéjares de su obra original.