El autor en esta obra demuestra su peculiar habilidad para la representación del retrato oficial con el característico brío en la representación, sujeto a la moderna influencia de Rigaud y su círculo, representantes de la estilística heroica y triunfal francesa. La "representación" del rey
Felipe V en primer término supera el hecho histórico que ajusta a las necesidades de un fondo. La preponderancia absoluta de la figura determina la expresión viril y triunfal del personaje al que caracteriza con infalible acierto en la elección de los matices cromáticos y en la majestuosidad de las vestimentas. Se considera el autor como el creador de una retratística renovada dentro de la tendencia del barroco tardío al que asoma también la elegancia del rococó.