El monumental retablo de la
catedral de Toledo fue un encargo del
cardenal Cisneros a un grupo de artífices entre los que sobresalen
Pedro Gumiel,
Enrique Egas,
Sebastián de Almonacid,
Juan de Borgoña, Copín de Holanda y Peti Jean. Se trata de una monumental composición formada por un banco y siete calles en las que se narran escenas de la vida de Cristo, cada uno de los relieves bajo grandes y calados doseles. El retablo debió de ejecutarse hacia 1504, siendo una pieza cargada aún de goticismo.