Cuando Goya llega a Calatayud en 1766 huyendo de Zaragoza - según confirma José Manuel Arnaiz - se refugió en el colegio de jesuitas quienes tenían pendiente la decoración de las pechinas de la iglesia, posiblemente encomendada a
Francisco Bayeu. Quizá como muestra de agradecimiento, el joven pintor realizó la espléndida serie de santos Padres de la Iglesia formada por San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno y San Ambrosio. En todos ellos exhibe el maestro su dependencia del estilo
barroco aprendido en el taller de José Luzán, con figuras retorcidas, marcados pliegues en los paños y distinguida monumentalidad.