Teorías explicativas

Hábitat circular de Mureybet (Periodo PPNA)
Época: Neolítico
Inicio: Año 7000 A. C.
Fin: Año 3000 D.C.

Antecedente:
Origen y desarrollo

(C) ARTEHISTORIA



Comentario

Las explicaciones de las transformaciones asociadas al periodo del Neolítico han ido evolucionando con la propia historia de la investigación, desde posiciones puramente evolucionistas simples, propias de la ciencia del siglo XIX, hasta mostrar la complejidad del fenómeno y de las condiciones en que se produce. Las diferentes investigaciones han incidido en el análisis de los factores que intervienen desde una perspectiva teórica: los recursos de subsistencia, la población y la organización para la explotación de los mismos. Asimismo han hecho especialmente hincapié en el estudio de la variable recursos, privilegiando los supuestos de la domesticación como resultado de una intensa interrelación del hombre con el medio natural, más que en los aspectos propiamente culturales o sociales. Recientemente las interpretaciones se han orientado hacia las variaciones demográficas de la población como causa explicativa general y determinante.
La concepción teórica explicativa simple del siglo XIX establecía el motor del progreso histórico en la variable tecnológica como consecuencia de las cualidades intelectuales del hombre. Es decir, el origen de las plantas y animales domésticos constituía una etapa del progreso histórico, explicable, esencialmente por la evolución natural del hombre hacia la mejora de sus condiciones de vida.
Históricamente, el origen de la visión más compleja del Neolítico se debe a V. Gordon Childe, verdadero fundador de la prehistoria moderna, quien en 1930 con la introducción del concepto de revolución neolítica se opone a la visión tradicional del origen de la domesticación como un paso natural de la humanidad hacia la civilización. En su obra clásica "Man Makes Himself" incide en los efectos de este cambio que afectarán a las condiciones de vida de los primeros agricultores, desde el fenómeno de la sedentarización de las poblaciones hasta la aparición de excedentes que comportarán nuevas formas de especialización productiva y la aparición básica de una división del trabajo. La legitimización de las nuevas formas sociales será realizada por los cambios de las instituciones sociales e ideas religiosas. Childe es el primer investigador en observar, de manera acertada, la región del Próximo Oriente como la zona donde estas transformaciones se producen con una mayor precocidad y cuyas repercusiones motivan el paso al Neolítico de regiones próximas, incluida Europa, por medio de una difusión con el ligero desfase cronológico correspondiente.
En la exposición causal del proceso, la documentación empírica del momento potencia una teoría especulativa, en la cual las condiciones climáticas del cambio Pleistoceno-Holoceno adquieren un rol importante. En efecto, una climatología adversa obliga a la concentración de personas, animales y plantas en las zonas de oasis de Asia Menor, facilitando un incremento de las relaciones entre ellos, en particular con las gramíneas salvajes y especies de animales domesticables, lo que favorecerá la aparición de incipientes formas de control (cultivo y domesticación animal). La nueva base económica será, pues, para este autor, el resultado de la respuesta adaptativa a unos problemas de subsistencia planteados por el medio ambiente. Se trataría no tanto de una teoría de tipo determinista ambiental, sino más bien de un modelo de desequilibrio.
Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, y dentro del marco de renovaciones que experimenta la arqueología en la década de los años cincuenta, el investigador del Oriental Institute of Chicago, R.J. Braidwood, plantea una renovación de las tesis de Childe, configurando la denominada teoría de las zonas nucleares. La necesidad de una confrontación empírica de la explicación del oasis de Childe motiva una investigación sobre el terreno con el primer gran proyecto de tipo interdisciplinario que actúa en la zona del Próximo Oriente. Los aspectos del conocimiento de tipo naturalista confieren un nuevo marco interpretativo al definir una serie de premisas importantes, en parte aún válidas actualmente. Se trata de la definición de un marco paleoclimático y ecológico en el cual se observa la inexistencia de variaciones bruscas importantes en el cambio del Pleistoceno/Holoceno. La ausencia de variaciones climáticas y, por tanto, de vegetación orientan la investigación hacia los ecosistemas donde se hallan distribuidas las especies animales y vegetales domesticables. El resultado es la definición del área del Creciente Fértil como la zona nuclear donde se producen las transformaciones económicas y socioculturales. La realización de trabajos de campo en yacimientos de dicha zona, como los desarrollados en el valle del Amuq (Turquía) o los del yacimiento de Jarmo (Irak), confirmaban esta hipótesis. Esta concepción teórica expone principalmente el cómo y dónde se produce el cambio pero no explica, satisfactoriamente, el porqué se produce. Braidwood, más investigador de campo que teórico, remite las causas últimas del cambio a las cualidades intelectuales del ser humano, es decir, apela a la tendencia natural del hombre hacia una evolución de tipo progresivo y a la adquisición de un nivel cultural determinado.
Las nuevas orientaciones en la arqueología de los años sesenta, enmarcadas en el movimiento de la New Archaeology, provocan un cambio en las orientaciones de la interpretación, desarrolladas por investigadores como K. Flannery o L. Binford, discípulos de Braidwood y, en términos generales, buenos conocedores del registro material que goza de una renovada documentación en los aspectos paleoecológicos. La renovación teórica de estos autores incide en el desequilibrio entre población y recursos como origen de la economía de subsistencia. En efecto esta teoría, denominada teoría del desequilibrio o de las áreas marginales, formula una interpretación según la cual se produce una ruptura en el equilibrio entre crecimiento demográfico y medios de subsistencia, forzando una transformación que no se realiza en las propias áreas de los vegetales y animales domesticables, sino en las zonas periféricas de los mismos. En términos generales, estos autores observan qué proceso se inicia con los últimos cazadores-recolectores. La economía de amplio espectro por ellos practicada y las variaciones ecológicas surgidas en el Holoceno (cambios en el nivel del mar, citados por L. Binford) implican una progresiva interacción entre recursos domesticables y grupos humanos en ciertas zonas, que significan la intensificación del hábitat y del sedentarismo en determinados sectores. La ruptura del equilibrio recursos-población en estas zonas privilegiadas implica a su vez movimientos de poblaciones hacia las regiones periféricas, llevándose especies en vías de domesticación. Es en estas áreas marginales donde la interdependencia entre estas especies y el hombre se acentúa, apareciendo la domesticación.
La tesis de M. N. Cohen, formulada en la mitad de los años setenta, ofrece una novedad importante al tratarse de una teoría que pretende tener un alcance general de la explicación del origen de la agricultura a nivel mundial, al observar que la aparición de las primeras transformaciones económico-sociales en los distintos lugares de evolución primaria (Próximo Oriente, Mesoamérica...) presentan un paralelismo y una sincronía que facilitan la búsqueda del factor subyacente que actúa en todas ellas. Para este autor el denominador común es la presión demográfica. En efecto, la presión demográfica explicaría la adopción de la agricultura desde una perspectiva temporal y geográfica amplia, considerando que el crecimiento de la población ha sido constante. Tomando el análisis del patrón cultural de los grupos de cazadores-recolectores, observa que, al analizar un grupo determinado, no se perciben variaciones notables de población por encima de los límites subsistenciales a causa de la existencia del mecanismo de ajuste. El examen a escala amplia permite observar la existencia de un crecimiento regular de los grupos de cazadores-recolectores, cuyos excedentes demográficos son canalizados mediante la expansión territorial. La expansión territorial se trata de una posibilidad limitada para el régimen económico de la caza-recolección, amenazando el equilibrio establecido de explotación de los recursos. El autor establece que, por esta causa, a finales del Pleistoceno la situación demográfica general es de saturación con respecto a un modelo económico determinado. La solución para mantener la supervivencia de los grupos está en la variación de la estrategia global de subsistencia y en la variación de los patrones culturales. Se trata de la única alternativa posible, el inicio del aumento artificial de las plantas dentro del radio de recolección de los grupos, mediante la aplicación de una o más técnicas cuya unión constituiría la agricultura.
El modelo de B. Bender incide en una propuesta interpretativa que pone énfasis en la organización social de los grupos de cazadores-recolectores como generadora de conflictos internos motivadores de un cambio en el modelo de subsistencia. Esta autora analiza, utilizando los esquemas y la terminología de la antropología social en las sociedades de bandas de baja productividad y la necesidad de la creación de un excedente para alcanzar los requisitos, las necesidades y las obligaciones sociales derivadas de la relación entre las diferentes bandas. La aparición de una producción excedentaria conlleva el surgimiento de problemas de reparto dentro del grupo y una mejora técnica que es destinada indirectamente a una mayor interacción entre los grupos y a una mayor circulación de bienes. Éstos provocarán una intensificación de la producción en el propio marco de la caza-recolección o la adopción de la agricultura.
En otra dirección explicativa se sitúa J. Cauvin, ciñendo su análisis a la región de Oriente Próximo como ejemplo de neolitización primaria y desarrollando unos postulados derivados y en contraste con la investigación empírica que ha desarrollado en esa zona. El análisis del registro material de la zona excluye, según este autor, los modelos de desequilibrio, tanto aquellos que ven en el medio ecológico el motor del cambio como los que consideran la presión demográfica la causa directa de la adopción de la agricultura. Cauvin examina detalladamente el carácter progresivo de la transformación reconstruyendo la sucesión cronológica de los cambios: la aparición de la aldea recolectara al aire libre, la transformación del sistema ideológico, reconocido en el registro por una nueva simbología en los ritos y en el arte (dualidad diosa madre-toro), la producción de subsistencia y las transformaciones tecnológicas, con carácter progresivo, principalmente en las últimas etapas. Para este autor, el cambio en la actitud socioeconómica es el resultado, en último término, de la progresiva transformación cultural y mental realizada por unos grupos que han sufrido una transformación ideológica colectiva (revolución simbólica), que precede a las nuevas prácticas económicas.

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