La arquitectura fenicia

Templo de Astarté en Kition (Chipre). Vista aérea
Época: Fenicia
Inicio: Año 1000 A. C.
Fin: Año 500 D.C.

Antecedente:
El arte fenicio

(C) Federico Lara Peinado y Joaquín Córdoba Zoilo



Comentario

Para entender la arquitectura fenicia de los asentamientos costeros del Mediterráneo oriental hay que tener en cuenta la especial ubicación que dieron a sus ciudades. Según S. Moscati, se solían fundar sobre promontorios rocosos a orillas del mar y, como alternativa, en pequeñas islas cercanas a las costas, fáciles de fortificar. Esa disposición y su consiguiente falta de espacio motivaron que las ciudades fenicias, además de contar con sólidas murallas y buenos puertos, dispusieran de construcciones en altura (hasta de seis pisos, en algunos casos), según sabemos por los relieves asirios y algunas referencias documentales.
El paisaje urbano se estructuró, además de contar con el obligado puerto marítimo, de acuerdo con una acrópolis o centro del poblado, rodeada de murallas, con puertas rematadas en arco y almenas cimeras, a cuyo alrededor se disponían los barrios con las casas particulares, los locales comerciales e industriales, con talleres de todo tipo, y los edificios de culto, casi nunca monumentales. Fuera del poblado, se situaban las necrópolis en las que alternaban los enterramientos aptos tanto para la incineración como para la inhumación. Este sería, según ha establecido S. Filippo, el típico paisaje urbano fenicio, formado por la suma de todos los requisitos enumerados.
Biblos (Gebal o Gubla), situada sobre un promontorio, y que ocupó una superficie de 5 hectáreas con variados períodos de asentamiento, respondía a los anteriores presupuestos. La ciudad se desarrolló sobre todo a partir del Bronce Antiguo, rodeándose de un recinto amurallado. Sus casas, de planta rectangular y patio central, estaban aparejadas con piedras en los zócalos, y adobes y revestimiento de madera en sus paredes, construcciones que no pudieron competir, desde luego, con el Templo de Balaat Gebal, la Señora de Biblos, que conoció varias fases constructivas, con un patio realzado con estatuas colosales, y habitáculos en sus tres lados, ni tampoco con el Templo del dios Reshef, llamado también Templo de los obeliscos.
Este último edificio estuvo, tras su reconstrucción, formado por un recinto sagrado, en el cual se levantaban una cella y una antecella, y en cuyo patio un gran obelisco central, que llevaba grabado el nombre del príncipe Abi-Shemu, estaba rodeado de decenas de otros pequeños. De la Biblos del período propiamente fenicio (siglos XI-VIII a. C.) y de las dominaciones asiria y babilónica es poco lo que se ha conservado. En cambio, sí se han hallado restos de la época de dominio persa, momento en que se construyó sobre una plataforma pétrea un edificio (50 por 15 m) con la planta típica de las apadanas.
Su necrópolis real, con nueve hipogeos, ha proporcionado valiosos objetos egipcios y locales: entre ellos es digno de reseñarse el celebérrimo sarcófago de Ahiram, decorado con relieves.
Sidón, por su parte, levantada también sobre un promontorio costero, en un sector con islotes próximos, no ha sido abundante en restos arquitectónicos. Lo más destacable son sus necrópolis, cercanas a su recinto urbano, las cuales han aportado ricos ajuares funerarios. Las de carácter real, de varias tipologías y excavadas en la roca, han sido pródigas en magníficos materiales, entre ellos los sarcófagos de Eshmunazar y de Tabnit, así como otros labrados por artistas griegos.
La acrópolis de Sidón conserva restos arquitectónicos de la segunda mitad del II milenio a. C., además de otros helenístico-romanos. Allí hubo probablemente una residencia oficial asiria y otra persa, esta última estructurada a manera de palacio aqueménide. Cerca de Sidón, en Bostan esh-Sheikh, se hallaba el Templo de Eshmun, con restos de época neobabilónica, y cuya técnica constructiva recuerdan las ziqqurratu mesopotámicas. Excavado por M. Bey y M. Dunand, ha proporcionado columnas, una cella dedicada al dios Adad, el trono de Astarté, flanqueado por esfinges y rodeado de leones, así como otras piezas escultóricas. Durante el período aqueménida el templo sufrió una gran remodelación, levantándose un macizo podio (60 por 40 m) sobre el cual se construyó un templo en mármol, luego reformado en época helenística.
Lamentablemente, casi nada queda de la Tiro fenicia, construida sobre dos islas que fueron unidas entre sí y luego conectadas a tierra firme por un dique, pues las sucesivas construcciones romanas, bizantinas y medievales destruyeron o desfiguraron su arquitectura autóctona, que hubo de ser floreciente al decir de Estrabón. Gracias a diferentes textos, conocemos la disposición de la ciudad: constaba, según A. Poidebard, con dos puertos marítimos, así como con un magnífico templo dedicado a Melqart, levantado por Hiram I (969-936 a. C.) en una de las islas cercanas.
Su frontis, al decir de Flavio Josefo, estaba precedido por dos columnas o estelas labradas respectivamente en oro y esmeralda. Era de planta rectangular con vestíbulo, antecella y cella dispuestos en eje longitudinal. Su tipología, según ha apuntado A. Ciasca, era de origen claramente sirio, la típica de la Edad del Bronce y de pleno uso en Ebla, Alalakh, Tell Fray y Emar. Las excavaciones de M. Chénab en el sector donde se levanta la Basílica de los Cruzados han localizado restos de carácter público que han sido identificados como pertenecientes al indicado Templo de Melqart.
Otra de las islas cercanas a Tiro contaba con otro importante templo, dedicado a Baal Shamém, divinidad asimilable al Zeus griego. Las fuentes aún recogen otros templos tirios en tierra firme: el de Astarté y otro de Melqart, mucho más antiguo éste que el antes indicado de la isla.
La ciudad, que tanto debió arquitectónicamente hablando a Hiram, contó con una sólida muralla, torres y puertas de acceso, según podemos conocer por uno de los relieves asirios de las broncíneas Puertas de Balawat, en el cual aparece Tiro rodeada por un soberbio recinto amurallado, o por los relieves de Khorsabad.
De sus necrópolis se conocen aún pocos datos: Qasmieh, Joya, Khirbet Silm y Tell er-Rachidiyeh han facilitado tumbas de pozo y fosas simples, aptas para la inhumación y la incineración.
En la antigua Sarepta, hoy en las cercanías de la actual Sarafand, a unos 10 km al sur de Sidón, han aparecido estructuras urbanas e industriales que manifiestan la importancia comercial de tal enclave fenicio, en contacto con Micenas y Chipre. Son de interés dos capillas (una sobre las ruinas de la otra) con plantas totalmente distintas. La más antigua, dedicada a Tanit-Astarté, con muros de piedra, en pleno uso en los siglos VIII-VII a. C., tiene planta rectangular 6,40 por 2,50 m) y contó con mesa de ofrendas y bancos corridos en tres de sus lados; los restos votivos consisten en objetos típicamente fenicios (marfiles, cerámicas, terracotas, amuletos, etc.).
Tell Amrit (Siria), la antigua Marato, situada también en un promontorio, ha proporcionado restos de su asentamiento fenicio. Su santuario, e1 todavía llamado hoy el Ma´abed, del que se han hallado multitud de fragmentos arquitectónicos, se excavó en gran parte en la propia roca. Dispuesto un amplio patio (48 por 55 m), en la parte central se había aislado un cubo rocoso sobre el cual se levantó a finales del siglo VI a. C. una minúscula capilla o tabernáculo (3,50 por 3,80 m), dedicada probablemente a un dios curandero (Shadrapa o Eshmun), con entrada porticada.
Mucho más divulgada ha sido su necrópolis, una de las pocas que ha conservado parte de los monumentos sepulcrales, verdaderos mausoleos, que se alzaron sobre los hipogeos. Entre ellas destacan tres meghazil, o torres-columna, de forma cilíndrica y de elegantes proporciones. Una de ellas (9,50 m de altura) presenta zócalo cuadrado sobre el que se sitúa un basamento o pedestal circular, levantado directamente sobre la tumba-pozo, formada por tres habitaciones y a la que se accedía por una escalera abierta en las cercanías. Externamente, pueden verse en el monumento tres sectores: el pedestal circular, adornado con cuatro protomos de león; el cuerpo cilíndrico finalizado con decoración almacenada; y una cúpula sobre cuerpo cilíndrico de menor diámetro que termina con una franja almenada, similar a la del segundo sector. La datación de estos monumentos se sitúa entre los comienzos de la dominación persa y el primer período helenístico.
Dignos de ser remarcados son el complejo sagrado de Ain el-Hayat, de parecida estructura al de Tell Amrit y el "santuario tipo tofet" (aunque este tipo de construcción sólo se ha documentado en occidente) de Tell Suqas, quizá la Shukshu del Bronce Reciente, al sur de Ugarit, con una simple pieza cuadrangular y fosa para los sacrificios.

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