Escultura y relieve

Rey Uthal de Hatra
Época: partos
Inicio: Año 1 A. C.
Fin: Año 1 D.C.

Antecedente:
La época de los partos

(C) Isabel Cervera



Comentario

Los maestros de época parta utilizaron principalmente la piedra caliza, el mármol, la arcilla cocida y armada -como en Nisa- y el bronce. Sus técnicas eran las habituales del oficio -enriquecidas con el taladro en Hatra-, empleando todos los tipos de cinceles, martillos, mazos y punzones comunes. En bronce, la cera perdida fue utilizada incluso en piezas de gran tamaño. Pero sus resultados globales, salvo algún taller activo en Hatra y al servicio de su realeza, apenas si resisten la comparación con lo obtenido en arquitectura.
La mayor producción escultórica procede de Hatra y su gran serie de estatuas de cuerpo entero, bustos y adornos murales. Evidentemente, la estatua del rey Uthal es una obra maestra de la época, no sólo por el detallismo de los ropajes del monarca, sino también por el intento de movimiento en las piernas y la personalización del rostro. Destinada a figurar en un templo, el tipo global es muy semejante al de otras esculturas. Por ejemplo la del rey Sanatruq, acaso la más completa, que reúne todas las bondades -y los defectos- de la escultura de la época parta en Hatra.
El tipo de las esculturas reales de Hatra no es único. En una colección privada estadounidense se conserva una escultura de tipo muy semejante, más arcaica en su trazado pero de igual concepción, datada en torno al siglo II a. C. y encontrada en la remota Shami.
Del mismo lugar procede la gran escultura de bronce de un príncipe parto, cuya datación parece plantear algunos problemas. Se trata de la mayor representación en bronce llegada hasta nosotros. Su traje es parto, lo mismo que su peinado; y aunque A. Godard piense lo contrario, debió representar a un alto personaje de dicha nación.
Los monarcas y príncipes arsácidas querían verse reconocidos como sucesores del mundo aqueménida. Esa pretensión sería la causa que les llevó a prodigar relieves conmemorativos rupestres en los lugares ya distinguidos por sus antecesores. Pero sus resultados distan mucho de los de aquéllos. Uno de los menos conocidos, el de Mitrídates I en Hung-i Nauruzi, cerca de Izeh-malamir, presenta al gran rey. Las figuras de los partos mantienen la frontalidad habitual, pero en su conjunto recuerdan a las estatuas de Hatra. El jinete y su caballo, sin embargo, resultan francamente desproporcionados.
Mucho menos atractivos son los perdidos de Mitrídates II en Bisutúm -conocidos por un dibujo de G. J. Grelot-, los de Gotarzes II del mismo lugar o el príncipe ante un ara esculpido en una roca. En todos ellos, los artistas parecen muy lejos de las calidades de la escultura, cosa que resulta incomprensible.
Mayor interés poseen los atribuidos a un príncipe de la Elymaida, pues incorporan una escena de caza o lucha a caballo en un estilo y disposición que alcanzará gran fortuna en el Irán sasánida.

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