Leningrado, Moscú, Stalingrado

Blindado T-34 soviético incendiado por un anticarro alemán
Época: II Guerra Mundial
Inicio: Año 1941
Fin: Año 1942

Antecedente:
Combates en el Este y el Pacífico

(C) Isabel Cervera



Comentario

Las tropas de von Leeb, que se dirigían a Leningrado, debían proteger al ejército del centro; sus unidades motorizadas ganaron terreno, con la intención de ocupar los puentes antes de que fueran volados por los rusos. Perdieron, durante días, el contacto con la infantería que las seguía a pie; la prisa fue tanta que desarmaban a los prisioneros y los dejaban sin custodia. Los intentos rusos de contenerlos resultaron inútiles; sus aviones fueron barridos por los cazas y cañones antiaéreos alemanes; sus resistencias en campos atrincherados acabaron arrolladas. Cuando llegaron las lluvias, von Leeb desarrolló una amplia maniobra para envolver Leningrado y el 2 de septiembre, tuvo la ciudad al alcance de sus cañones de campaña. En agosto de 1942, el XI Ejército fue trasladado desde el frente de Crimea para unirse al ataque, que comenzó el 27 de agosto. Aunque los alemanes no lograron penetrar en la ciudad, los rusos reaccionaron pero el XI Ejército los contuvo y un contraataque alemán destruyó el II Ejército soviético.
Sin embargo, Leningrado no cayó y se convirtió en un bastión donde cinco millones de personas soportaron los bombardeos entre penalidades, hambre y tifus, sin que la industria pesada detuviera la producción. El invierno ruso de 1941-1942 fue el más duro del siglo y la ciudad, completamente cercada, logró una vía de abastecimiento sobre el helado lago Ladoga, mediante una doble pista para camiones. Era el cerco de los mil días.
El centro alemán avanzó tanto que el Gobierno soviético, excepto Stalin, se replegó a Kuibyshev. Pero Moscú se salvó cuando las heladas de principios de noviembre cayeron sobre los alemanes, que ya estaban sólo a 64 kilómetros de distancia. El optimismo hitleriano no había previsto equipos de invierno y los soldados sufrieron, en campo raso, temperaturas que dificultaron su existencia pero no detuvieron los planes. El IV Ejército (von Kluge) debía atacar de frente, mientras los acorazados lo envolvían: por el norte, Hoth y Hoeppner; por el sur, Guderian. La batalla comenzó el 16 de noviembre y los acorazados de las alas alemanas avanzaron hasta divisar las torres del Kremlin. Gran número de tropas soviéticas atacaron en un flanco; sin embargo, el 3 de diciembre, algunos elementos avanzados alemanes consiguieron llegar a los arrabales de Moscú, pero, tras encontrar fuerte resistencia, se replegaron secretamente hacia sus unidades. Dos días después, la temperatura descendió hasta 32 grados bajo cero y los trenes, camiones y carros quedaban detenidos, los aviones no podían despegar y las armas se convertían en bloques de metal helado. La congelación mató, dañó y mutiló a miles de soldados.
Los rusos aprovecharon el frío para atacar. Desde el 28 de diciembre, el general Timoschenko se lanzó contra el IV Ejército alemán, que sólo resistió porque Hitler había prohibido retroceder. Cuando, el día 3 de enero de 1942, Hitler autorizó un repliegue, los alemanes se libraron de una embestida, preparada por el general Zhukov con tropas siberianas, capaces de combatir con temperaturas extremas. La ofensiva rusa se generalizó para aprovechar los efectos del invierno. Hitler dio orden de resistir a toda costa y las tropas sostuvieron, a costa de sacrificios, la mayoría de sus posiciones; finalmente, permitió resplegarse a los centros de aprovisionamiento, a cuyo alrededor se fortificaron las tropas, en las llamadas posiciones erizo, capaces de defenderse en todas direcciones y, entre cuyos intervalos helados se movían regimientos siberianos y cosacos, artillería sobre trineos y tropas de esquiadores.
Las fuerzas de von Rundstedt, que marcharon hacia Stalingrado, tenían enfrente una importante masa soviética al mando de Budienny, a la que intentaron sorprender en una operación rápida que llegó de Kiev, donde una maniobra de tenaza hizo más de 60.000 prisioneros rusos. Las malas comunicaciones y las lluvias retrasaron la marcha alemana que, a pesar de todo, llegó a Crimea e invadió la cuenca del Donetz, pero no alcanzó los campos petrolíferos del Cáucaso. Von Rundstedt, temeroso de que el invierno le alcanzara tan lejos de sus bases de aprovisionamiento, solicitó un repliegue estratégico que Hitler le negó. Indignado, pidió el relevo, que le fue concedido. Sin embargo, los ataques rusos, a finales del año obligaron al Führer a autorizar la retirada a posiciones más defendibles.
Hitler, durante la campaña rusa había discrepado frecuentemente de los generales. En diciembre, cuando la ofensiva se paralizó, Brauchitsch, el comandante en jefe, pidió el relevo por razones de salud, Bock le imitó poco después y Leeb dimitió cuando Hitler no aceptó su plan de retirar el frente de Leningrado. Entonces Hitler se nombró a sí mismo comandante en jefe.
Los soviéticos habían llevado a cabo una ofensiva de invierno por los intervalos de los erizos alemanes que, en algunos casos, penetró hasta 150 kilómetros en la retaguardia. Sin embargo, sus posiciones eran muy débiles y estaban en campo abierto porque los alemanes habían ocupado todas las poblaciones; para aprovechar su capacidad de control de las comunicaciones y como obstáculo contracarro.
La industria soviética fue sometida a un gran esfuerzo, que produjo grandes cantidades del carro T-34, de 31 toneladas con cañón de 76 mm y magnífico blindaje, cuyo primer modelo databa de 1940. Le acompañaban buenas piezas motorizadas, contracarros de 57 mm y una artillería organizada en divisiones, que podían contar con más de 300 piezas, actuaban en masa y en posiciones muy adelantadas que facilitaban la puntería. La aviación disponía de los nuevos Ilyuchin-II, que demostraban la capacidad de su industria aeronáutica. Estos logros fueron reforzados por la ayuda norteamericana a pesar de las ocho semanas que requería realizar la ruta de Persia o las seis de las de Vladivostok y de Arkangelsk, esta última con el problema añadido de la acción de los submarinos alemanes.
Los planes alemanes para su ofensiva del verano de 1942 se orientaron hacia objetivos económicos: el petróleo del Cáucaso y las regiones del Dniéper inferior y el Donetz, que contenían el 60 por 100 de la industria pesada rusa, el 70 del aluminio y el 35 de la energía eléctrica. La maniobra se inició con la conquista de la península de Crimea y Sebastopol, principal base soviética en el mar Negro. La Wehrmacht llegó al Cáucaso sin dificultades, a pesar de la resistencia rusa, tomó los campos petrolíferos de Maikop y prosiguió hacia Tiflis y Bakú.

Imágenes

Un niño ruso contempla el cadaver de su madre Cañones soviéticos disparando contra los alemanes en Ucrania