La matanza de Katyn

Sacerdotes y miembros de la Cruz Roja rezando ante las fosas de Katyn
Época: Barbarroja
Inicio: Año 1941
Fin: Año 1943

Antecedente:
El frente ruso

(C) Andrés Ciudad y María Josefa Iglesias



Comentario

Tras el lanzamiento del ataque alemán contra la URSS en el verano de 1941, Moscú había establecido relaciones diplomáticas con el gobierno en el exilio en Londres. Entre otras razones, trataba de conseguir efectivos rumanos para su empleo en la lucha contra el Reich. Polonia -no debe olvidarse- había sido desmembrada en 1939 como consecuencia del pacto firmado por alemanes y soviéticos, que se habían repartido su territorio. En otoño de aquel año, tras haber procedido a realizar esta operación, decenas de millares de militares polacos habían sido trasladados a la Unión Soviética en calidad de prisioneros de guerra.
En 1941, cuando la comisión polaca encargada de proceder al reclutamiento estableció el total de efectivos de que disponía, comprobó que doce generales, ciento treinta coroneles y 9.227 oficiales de menor rango se encontraban en paradero desconocido. Las autoridades soviéticas por medio de su ministro de Asuntos Exteriores, Vichinsky, manifestó de forma inmediata su total ignorancia acerca de esta cuestión. Solamente afirmaban que estos hombres habían sido trasladados a destino desconocido en el mes de abril de 1940 y que, tras la irrupción de los alemanes, había sido perdida su pista.
El mismo Stalin, a requerimiento del embajador polaco en Moscú, se negó de forma expresa a dar información acerca de este hecho, llegado ya el mes de noviembre de 1941. Más de un año después, trataría infructuosamente de obtener información acerca del destino de sus compatriotas. Tampoco obtendría más que respuestas evasivas y notoriamente ocultadoras de la realidad.
El día trece de abril de 1943, la emisora oficial de Berlín comunicó con gran despliegue informativo el hallazgo en el bosque de Katyn, a doce kilómetros de la ciudad soviética de Smolensko, de una enorme fosa de 28 metros de longitud por 16 de anchura. En su interior se acumulaban doce capas superpuestas de cuerpos humanos que correspondían a un total de casi tres mil oficiales y paisanos polacos. Vestidos con sus propias ropas, los cadáveres presentaban en su totalidad heridos de bala en la nuca, además de fracturas del maxilar inferior y en muchos casos marcas producidas por bayonetas.
Todo hacía suponer que formaban parte del total de los polacos desaparecidos. Las condiciones físicas del suelo habían permitido la conservación de los cuerpos. Y, al mismo tiempo, la identificación podía ser realizada sin problema alguno debido a que conservaban entre sus ropas las tarjetas de identidad y una amplia variedad de papeles y objetos personales.
Al día siguiente, 14 de abril, la agencia Tass informaba desde Moscú que, por el contrario habían sido los alemanes los causantes de la matanza. Según esta versión, los polacos habrían caído en manos de aquellos con ocasión de la invasión del territorio soviético dos años antes. La Tass acusaba al mismo tiempo a Alemania de intentar utilizar unos hechos falsos con finalidades propagandísticas. Por su parte, el gobierno polaco en Londres solicitó la intervención de la Cruz Roja Internacional con el fin de que, dado su carácter neutral, investigase los hechos y elaborase un informe detallado acerca de lo observado. La reacción de Moscú no se haría esperar, y así el día 25 de ese mismo mes decidió cortar sus relaciones diplomáticas con aquellos a quienes acusaba de complicidad con los alemanes.
Los norteamericanos se preocuparon por las repercusiones de signo negativo que esto podría tener en el interior del frente aliado. Como consecuencia, hicieron a las autoridades polacas en el exilio responsables de fomentar la creencia en unas supuestas mentiras vertidas por la propaganda nazi. Esto hizo que el gabinete polaco en Londres se viera obligado a renunciar a sus pretensiones investigadoras. La Unión Soviética decidió de forma inmediata la reanudación de sus relaciones con él.
Las emisoras de radio de Berlín continuaban ofreciendo detalladas informaciones acerca del proceso de excavación que estaba siendo realizado en Katyn. Allí habían sido descubiertas otras siete fosas de características similares a la encontrada en primer lugar. La propaganda dirigida por el doctor Goebbels aprovechaba de forma clara el hallazgo. Con ello trataba de compensar en cierta medida las justificadas acusaciones que eran lanzadas contra el Reich a causa del trato inhumano que se daban a las poblaciones de los países sometidos. Berlín, para dar visos de objetividad a su posición con respecto a Katyn, decidió la formación de una comisión de expertos que investigasen las fosas. Médicos procedentes de países ocupados, aliados y neutrales -caso de Suiza- se dedicaron entonces a comprobar sobre el terreno la tremenda realidad.
Ninguno de los diarios, anotaciones o cartas que se encontraban sobre los cuerpos de los polacos asesinados llevaba una fecha posterior al mes de abril de 1940. Los habitantes de la región, al ser interrogados al respecto con relación a los hechos sucedidos, confirmaron el hecho de que a primeros de marzo de aquel año varios millares de prisioneros polacos habían sido vistos con vida. Los abetos rojos plantados sobre las fosas tenían en el momento de ser descubiertos una edad de cinco años. Pero enseguida se demostraría que habían sido transplantados cuando contaban con dos años.
Las causas que hubieran podido impulsar a Stalin a decidir esta masiva eliminación podrían haber estado basadas ante todo en sus pretensiones de implantación de un régimen comunista en la parte de Polonia que le había correspondido como consecuencia de la disgregación del país. La desaparición de los cuadros militares que sustentaban el régimen hasta entonces existente podía facilitar la realización de esta tarea.
Todas las circunstancias que rodearon al hallazgo de Katyn estuvieron a partir de entonces definidas por unos hechos que únicamente mostraban una voluntad decidida a acallar todo testimonio que pudiese demostrar la autoría de los asesinatos por parte soviética. Así, en los primeros días del mes de julio, el avión que conducía al general Sikorski caía sobre el Mediterráneo cerca del estrecho de Gibraltar. Los expertos consideraron que se trataba de una clara acción de sabotaje.
Terminada la guerra, la victoriosa Unión Soviética trataría de dar forma legal a sus declaraciones de inocencia. Así, organizó una comisión destinada a acusar a los alemanes de haber llevado a efecto la matanza. Pero esta resolución parcial no convencería a nadie.
El tribunal de Nuremberg trató asimismo acerca del tema de Katyn, y decidió finalmente la absolución de los alemanes acusados de haber realizado la matanza. En 1952, en base a una documentación dejada por el asesinado presidente de la comisión polaca, los norteamericanos decidieron reabrir el caso. Pero a las reuniones del tribunal congregado en la ciudad de Frankfurt no acudirían ni soviéticos ni polacos, cuya presencia había sido requerida. Polonia se encontraba ya por entonces incluida dentro de la esfera de Moscú, y cualquier actuación dirigida en contra de los intereses de la potencia dominante no podía ser tenida en cuenta.

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