Los jesuitas

Iglesia de la Compañía de Jesús (Cuzco, Perú)
Época: Barroco19
Inicio: Año 1550
Fin: Año 1700

Antecedente:
La arquitectura de las órdenes religiosas

(C) Victor Nieto y Alicia Cámara



Comentario

Los edificios de los jesuitas ocuparon siempre solares cercanos a la plaza Mayor, cuando no se situaron en esta misma tal como ocurrió en Cúzco, y sus iglesias y colegios fueron espléndidos. En el caso de su iglesia en Puebla, hecha nueva a mediados del siglo XVIII, se ha indicado que incluso recuerda la arquitectura de las catedrales y la de La Habana pasó a ser la catedral de la ciudad después de la expulsión de los jesuitas al igual que sucedió en Salvador (Bahía). Si la arquitectura de este último edificio se ha relacionado con otras obras de la Compañía tanto en Brasil como en India, cabe recordar cómo la arquitectura de los jesuitas se adaptó frecuentemente a los modelos existentes en las ciudades en que se establecían, incorporando incluso elementos de la tradición local. No obstante, el hecho de que existiera un control por parte de la orden de todos los edificios, cualquiera que fuera el lugar del mundo en que se erigieran, y el que fuera la orden religiosa que contó entre sus miembros con algunos de los mayores y muchos de los menores arquitectos del período colonial, convirtió a sus casas frecuentemente en hitos arquitectónicos de las ciudades en las que se asentaron.El modelo de la iglesia del Gesú en Roma -capillas laterales en la nave y cúpula en el crucero- se utilizó en ejemplos notables como los de las iglesias de los colegios jesuitas de México, Puebla (a fines del siglo XVI), o Cartagena de Indias. En el último caso la iglesia jesuita (S. Pedro Claver) fue construida a comienzos del XVIII, aunque la cúpula sea del siglo XX, y en la nave, sobre cada capilla se sitúa una tribuna al igual que en las iglesias jesuitas de Buenos Aires y Montevideo. También la iglesia de la Compañía en Popayan fue construida después del terremoto de 1736 por el jesuita S. Schenherr siguiendo el modelo de nave con capillas, crucero y cúpula del Gesú, y sin embargo ese modelo no se siguió en otros casos como Ayacucho (Perú), en Tepotzotlán o en la iglesia de La Profesa de México, que fue rehecha en el siglo XVIII por Pedro de Arrieta. A veces, como se ha indicado para el templo jesuita de Bogotá, el modelo para su planta no fue directamente el del Gesú, sino iglesias de los jesuitas en España, y en otras ocasiones el modelo se inspiró no en los originales europeos, sino en otros edificios de la orden construidos en América. Así por ejemplo, para reconstruir la iglesia de Santiago de Chile el jesuita F. Ferreyra estuvo en Lima estudiando la iglesia de la Compañía.La torre de la iglesia de los jesuitas en Potosí recuerda un arco triunfal romano y su autor fue el indígena Sebastián de la Cruz a comienzos del siglo XVIII. En Popayan, también en el siglo XVIII la fachada de la iglesia fue concebida como un gran templo clásico. Ahora bien, tanto estos modelos tomados de ese repertorio de validez universal que era la Antigüedad filtrada por el clasicismo de la edad moderna, como los procedentes del barroco europeo fueron muchas veces disfrazados, vestidos con un sentido escenográfico que por su adecuación a la sensibilidad de los fieles se fue complicando cada vez más. Los jesuitas no fueron una excepción y a su orden pertenecen algunos de los templos en los que el lenguaje del barroco -emplazamiento del edificio, fachadas, ornamentos, luces, dorados, colores, olores, música...- alcanzó cotas insuperables. Quizá el mejor ejemplo sea la iglesia de Tepotzotlán en México, pero también se pueden recordar las portadas extraordinariamente decoradas de la iglesia jesuita de Guanajuato, que no tendrían el mismo efecto de atracción y persuasión para el fiel sin la existencia del atrio delante de la fachada para permitir una perspectiva que responde a la teatralidad del urbanismo barroco. En otras zonas supieron adaptarse y fomentar lo que se ha llamado el estilo mestizo, que alcanzó su esplendor en el siglo XVIII, tal como sucedió en la iglesia de la Compañía de Arequipa, o en El Collao, la rica región del lago Titicaca en la que el cruce de caminos que fue condicionó y posibilitó esa libertad creadora.

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