El Cuaternario

Atapuerca (Burgos). Entrada a la Cueva del Mirador
Época: Prehistoria
Inicio: Año 1640000 A. C.
Fin: Año 2002

Siguientes:
Paleocología cuaternaria

(C) ARTEHISTORIA



Comentario

El Cuaternario, denominado a mediados del siglo pasado Diluvial, es la última partición en la que se dividen los tiempos geológicos. En la actualidad esta unidad tiene rango de Periodo, dentro de la Era Cenozoica o de los mamíferos, y se subdivide en dos Épocas desiguales: Pleistoceno y Holoceno. El primero ocupa desde el final del Plioceno, hace 1,64 millones de años, hasta la remisión absoluta de la última glaciación, hace unos 10.000 años. El Holoceno sólo cubre desde esa fecha hasta la actualidad.
Casi a la misma vez que aparecía el concepto de Pleistoceno en el siglo pasado, se demostraba que los fenómenos glaciales -enfriamientos generalizados del clima respecto a la temperatura actual- habían sido un rasgo relevante de la época, hasta el punto de que durante mucho tiempo se la conoció como la Era Glacial. Hoy en día, sin embargo, se sabe que si bien las oscilaciones térmicas y el enfriamiento general son determinantes en el Cuaternario, en otras eras ha habido también épocas glaciales. Incluso se da por probada la existencia de al menos una glaciación precámbrica, hace más de 600 millones de años, lo que demuestra que la estabilidad climática a lo largo de la Historia de la Tierra es un espejismo. Ello no obsta para que se haya centrado una parte importante de la investigación del Pleistoceno precisamente en el origen de sus marcadas oscilaciones térmicas. La causa más aceptada en estos momentos para dicho fenómeno suele consistir en la coincidencia de varios factores como son la concentración de continentes en latitudes altas del hemisferio norte, la existencia de uno de ellos, la Antártida, en situación polar y la acción de las modificaciones cíclicas del clima debida a las variaciones orbitales (precesión, excentricidad y oblicuidad) estudiadas por Milankovitch.
Si el primer problema fundamental en el estudio del Cuaternario es la identificación de las causas de su especificidad climática, el segundo es la situación del límite Plioceno-Pleistoceno, parámetro fundamental en Geocronología puesto que determina la separación entre Terciario y Cuaternario y la duración temporal de cada uno.
Como el problema es, esencialmente, cronológico y convencional -se trata de establecer rupturas en una dimensión continua como es el tiempo- la principal dificultad reside en utilizar eventos que tengan un alcance universal. Desde hace mucho se considera que, junto al glaciarismo, el fenómeno más relevante del Cuaternario es la aparición del hombre, hasta el punto de que alguna vez se ha propuesto denominarlo Antropozoico. Utilizar este criterio para establecer un límite entre el Neógeno y el Pleistoceno es, sin embargo, poco acertado porque la fecha de aparición del hombre sobre el planeta es un suceso objeto de investigación constante y sujeto por lo tanto a cambios también constantes. Además, no se trata de un suceso simultáneo en todo el planeta, sino escalonado en el tiempo conforme nuestra especie ha ido colonizando todos los continentes.
Desechado desde hace tiempo el criterio antropológico, se han ensayado otros de índole paleontológica, basados en la aparición de las primeras faunas frías en latitudes medias (Europa occidental esencialmente), pero esto ha llevado a la propuesta de diferentes fechas, según las asociaciones faunísticas utilizadas. Las más conocidas son el denominado Calabriense, piso identificado en Cala Calabria y caracterizado por la sustitución de nanofósiles planctónicos cálidos (pliocenos) por representantes de faunas frías, y el piso Villafranquiense continental, basado en la supuesta aparición de los primeros representantes de los géneros Equus (caballos) y Bos (bóvidos), junto a ciertos proboscídeos.
Como ya se ha indicado anteriormente, también se ha querido hacer coincidir el inicio del Cuaternario con la aparición de los primeros glaciares continentales, pero este criterio es también poco válido porque se escalona claramente en el tiempo: en la Antártida aparecieron hace 20 m.a., en Alaska hace 10 m.a., en Islandia tal vez 4 m.a...
Las últimas propuestas (1985-1989) reivindican un límite convencional en el que coincidan un número considerable de eventos significativos. Aunque sigue sin haber unanimidad total, especialmente entre los paleontólogos, puede considerarse que la fecha de 1,64 m.a., propuesta por un comité internacional de cuaternaristas, es la más consistente porque cumple con ese requisito. En primer lugar, coincide con la base del Calabriense, consistente en un estrato-tipo de la denominada sección de Vrica. El caso del Villafranquiense es bien distinto porque investigaciones posteriores demostraron que la localidad-tipo no había sido bien interpretada y comenzó una enorme confusión respecto a la utilización de dicho término. En la actualidad sólo tiene validez para los paleontólogos de macromamíferos y su inicio se sitúa en 3,5-3,3 m.a. En contraste con esta situación, la fecha de 1,64 m.a. también supone la aparición de algunas especies de micromamíferos (roedores) fríos en nuestro continente, acompañadas por las primeras floras frías en Europa continental (criterio botánico). Sin embargo, la ventaja principal de esta fecha es que puede situarse con facilidad en una escala de carácter planetario, como es la paleomagnética, en la que coincide con el final del evento (subcron) Olduvai, dentro de la época de Matuyama (cron). Desde que se demostró la existencia en el Cuaternario de una alternancia de periodos fríos (glaciaciones) y periodos templados (interglaciales), se consideró que la determinación de estas oscilaciones podía servir como guía para establecer una escala cronológica. A principios de siglo, en el ámbito alpino, se habían reconocido cuatro glaciaciones (Gunz, Mindel, Riss y Würm, que pronto fueron precedidas por otras dos, Biber y Donau). En otros ámbitos geográficos (Norte de Europa, Norteamérica, Rusia...) y basadas en criterios diferentes, se obtuvieron distintas secuencias paleoclimáticas, cuya equivalencia siempre fue problemática. Además, se descubrió que para las zonas más templadas de la Tierra los periodos glaciales e interglaciales correspondían a fases pluviales e interpluviales, lo que complicaba aún más su correlación.
A partir de los años cincuenta la obtención de curvas climáticas detalladas en registros sedimentarios continuos, sobre todo las obtenidas en fondos marinos o en los hielos de Groenlandia, han permitido trazar registros climáticos completos. Las curvas más importantes son las diseñadas sobre la variación O16/O18, Ambos isótopos están presentes siempre en el agua del mar, pero en el más ligero de ambos (el O16) se evapora con más facilidad. Cuando el clima es más frío, hay mucho hielo acumulado en los continentes y el O18 es más abundante en el mar, ya que una parte del isótopo ligero evaporado se precipita en forma de nieve y queda atrapado en los glaciares, disminuyendo por tanto su porcentaje en el medio marino.
Sondeos marinos en todo el mundo han permitido observar que el clima de la Tierra a lo largo del Cuaternario revela una tendencia general hacia el enfriamiento a partir del Mioceno, aunque la curva muestra oscilaciones claramente periódicas de intensidad variable. Estas fases isotópicas también han permitido demostrar que las antiguas glaciaciones clásicas son sólo retazos de una realidad bastante más compleja.

Imágenes

Atapuerca (Burgos). Yacimiento arqueológico de La Galería Propulsor llamado el caballo saltando Venus de Lespugue