FG 42

FG 42, fusil ametrallador alemán
Nacionalidad: Alemania
Fecha: 1942
Dimensiones: 1,05 m. longitud total; 566 mm. longitud del cañón
Peso: 4,95 kg. descargado y 5,5 kg. con cargador lleno
Calibre: 7,92 x 57 mm.


Comentario

En la primavera de 1941, con la ocupación alemana de los Balcanes, las fuerzas aliadas disgregadas en Grecia se transfirieron a Creta, isla que ocupaba una posición de gran importancia bajo el punto de vista estratégico. Lo sabían muy bien incluso los alemanas y, en efecto, el 20 de mayo de 1941, el cielo de Creta se cubrió de aviones de la Luftwaffe, desde los cuales saltaron destacamentos enteros de paracaidistas. Se trataba del primer gran ataque aéreo de la historia, aunque sólo 24 horas después de duros combates, los paracaidistas consiguieron tomar el campo de aviación de Maleme, objetivo vital para poder recibir los refuerzos aerotransportados.
Al final, la isla fue conquistada, pero a un precio muy alto: ya mientras descendían, muchos paracaidistas alemanes sirvieron de blanco a los fusileros británicos. Después, una vez en tierra, con frecuencia permanecían atrapados por el fuego de los Enfield sin poder responder adecuadamente con sus ametralladoras MP 38/40 calibre 9 Parabellum, armas de gran volumen de fuego, aunque de poca presencia. A pesar de la victoria, ésta fue una dura lección en la que los alemanes meditarían después con atención; tanto es así que rápidamente tomaron medidas según el principio, "un arma para cada ocasión". En esto, los paracaidistas estaban aventajados por el hecho de que la Luftwaffe no se sometía en materia de armas a los mismos reglamentos que los ejércitos; es más, lograban materiales y conseguían producir armas por su propia cuanta. Dicha independencia de los "fallschirmjäger" (cazadores paracaidistas) respecto de la Wehrmacht resaltaba por el hecho de que los paracaidistas eran un cuerpo más joven, instituido en 1932, a cuyo mando estaba el poderoso jefe político, además de militar, Hermann Göring, el cual, entre otras cosas, controlaba un consorcio de fábricas de armas con los consiguientes e imaginables intereses comerciales.
Con estas premisas no es difícil comprender porque el Reichsluftahrministerium solicitó la puesta a punto de un arma ligera pensada expresamente para las exigencias de la Luftwaffe, a pesar de que la Wehrmacht ya tenía un prototipo que se convertiría en el famoso Sturmgewehr 44, más conocido como StG 44, es decir, el arquetipo de todos los fusiles de asalto. En definitiva, lo que estaba claro es que los paracaidistas querían un arma que pudiera ser llevada en la mano de forma cómoda en cualquier terreno, que en el tiro individual tuviera gran alcance y la precisión de un fusil, y que, en el tiro con ráfaga tuviera la cobertura de fuego de una ametralladora. Por otra parte, debido a los límites impuestos por el transporte y el salto desde los aviones, dicha arma no debería pesar más de 4,2 kilogramos, y no podría ser de más de un metro de larga.
Tales peticiones se juzgaron utópicas por las seis empresas interpeladas en la consecución del proyecto. Al final, sólo las empresas Rheinmetall Borsig y la Krieghoff aceptaron el "reto". Después de numerosas y severísimas pruebas, el prototipo de Krieghoff fue definitivamente descartado, mientras que el de Rheinmetall fue perfeccionado posteriormente. A finales de 1942, a pesar de varias resistencias (y, al parecer, con la desaprobación del Führer), gracias al poder del primer mariscal Hermann Göring, se concedió la aprobación para la compra de los materiales necesarios para la producción.
De esta forma, en diciembre de 1942, Göring pudo tener en su mano la que consideraba su criatura, el fusil Fallschirmjägergewerh 42. Literalmente, "fusil de cazador paracaidista", más conocido como FG 42, en donde el número indica obviamente el año de adopción. La primera versión, inconfundible por su culata de metal, fue construida utilizando mucho acero al níquel, material que pronto se hizo imposible de encontrar. Se tuvo que utilizar en su lugar acero al carbón, hecho que supuso la revisión parcial de algunos elementos del arma. Los técnicos no desaprovecharon la ocasión para introducir algunas mejoras en el FG 42, dando a la luz al FG 42 II, idéntico en el funcionamiento, aunque con numerosas modificaciones, entre las que destaca la realización de la culata en madera, ya que parecía que la de metal ocasionaba numerosos problemas en el manejo del arma con las manos desnudas en las condiciones de extremas heladas del frente oriental. La empuñadura en forma de pistola distingue también claramente a la FG 42 II. En efecto, en la primera versión esta claramente inclinada hacia atrás con la finalidad de provocar el mínimo impacto posible a los hombres que se tiraban a tierra. En seguida se darían cuenta de que tirando de pie dicha inclinación era extremadamente incómoda, por lo que ésta se redujo drásticamente en el FG 42 II. Por las mismas exigencias operativas, el cargador se colocó lateralmente en la parte izquierda y no debajo, delante del gatillo, como estaba antes.
Para aquella época se trataba de un arma sin duda del futuro, no sólo por su aspecto. Aunque es verdad que no presentaba soluciones mecánicas especialmente innovadoras, por primera vez reunían las que se necesitaban para satisfacer las grandes exigencias de los paracaidistas. Estéticamente se nota enseguida el grande y elaborado compensador de la boca, eficacísimo en las ráfagas breves con tiro mirado para contener el levantamiento del arma, que emplea el mismo cartucho del fusil y de las ametralladoras de ordenanza: el potente 8 x 57. Siempre con la intención de permitir un mayor dominio del arma, dentro del pequeño pie triangular se encuentra un amortiguador de doble acción que limita sensiblemente el retroceso, una solución que, junto a la de la organización mecánica del funcionamiento, será retomado en las ametralladoras americanas M 60, todavía hoy en dotación.
Por lo que se refiere al funcionamiento, el FG 42 es un arma automática que disfruta de recuperación indirecta de los gases de disparo, recogidos a través de un pequeño orificio colocado en la mitad del cañón, acompañado de un pistón que se encuentra encerrado en el cilindro puesto sobre el cañón. El obturador es rotativo; en efecto, después de realizar su recorrido hacia delante introduciendo en la recámara un cartucho, un muelle lo hace rotar colocando las aletas de la cabeza en las posiciones adecuadas de la culata. Es interesante hacer notar que el tiro semiautomático (un disparo cada vez), el arma comienza a dispara con el obturador cerrado, hecho que favorece al máximo la precisión en el tiro con mira. Sin embargo, disparando a ráfaga, el FG 42 comienza el ciclo de fuego con el obturador abierto, lo que permite un buen enfriamiento del cañón y evita el peligro de que la pólvora del cartucho pueda incendiarse espontáneamente debido al recalentamiento de la cámara de explosión, haciendo salir el disparo antes de que el obturador se cierre.
En definitiva, se había hecho todo lo posible para satisfacer a los paracaidistas, se había pensado también en la bayoneta, de tipo "asador", colocada en posición de reposo debajo del cañón: para utilizarla bastaba extraerla y colocarla en sentido opuesto. Se había previsto incluso la posibilidad de montar el pequeño telescopio de ordenanza ZF 41 para aumentar las notables posibilidades de puntería ofrecidas por el alza dióptrica y por la estabilidad que ofrece el pie de lámina impresa. Así se había hecho realidad un proyecto que parecía una utopía: recoger en una sola arma todas las posibilidades de la Kar 98k y de la MP 40, con todos los inevitables compromisos del caso debido al peso, a los estrobos, a los costes y al cartucho. Precisamente aquí se encontraba el único y verdadero punto débil de la FG 42: un arma intermedia que utilizaba un potente cartucho de fusil. El cartucho intermedio ya existía en 1942: era el 7,9 mm de infantería Kurz Patrone, que con ligeras modificaciones se convertirá en la munición del StG 44. Parece sin embargo que la Luftwaffe haya rechazado el FG 42 en este calibre, aduciendo como motivación los posibles problemas logísticos y de confusión en la reposición de municiones, aunque mucho más probablemente se trataba de la rivalidad que siempre ha dividido al Ejército y a la Aviación. De cualquier forma, el rechazo de la Luftwaffe marcó el momento del precoz declive del, aunque óptimo, FG 42, a favor del Sturmgewehr 44.

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