Comentario
En los primeros años de la década de 1790 David mantenía aún las relaciones con los miembros de la alta burguesía ilustrada y liberal que le habían protegido anteriormente. Sin embargo, estos vínculos se romperán en 1792, dejando sin acabar los retratos de Louise Pastoret y Louise Trudaine, cuyos familiares habían sido guillotinados. La propia Louise Pastoret había sido condenada a prisión tras los terribles sucesos de agosto de ese año.
En estos retratos femeninos apreciamos una significativa evolución del retrato burgués ya que el maestro presenta a sus modelos tremendamente cercanos al espectador, destacando la sencillez y la naturalidad. La razón debemos buscarla en que los burgueses de este primer momento revolucionario no deseaban ser representados de manera ostentosa ni mostrando el sentimentalismo de algunas obras rococós, oponiéndose así a la iconografía del Antiguo Régimen. El retrato de Louise Pastoret ha sido siempre muy valorado por la crítica debido a su aire abocetado, espontáneo y directo, que no debemos confundir con el estilo identificativo de David en ese momento ya que, no olvidemos, esta obra está sin concluir, resultando un trabajo de gran impacto visual.