Cleopatra

Cleopatra
Nacionalidad: Egipto
70 a.C. - 30 a.C.
Reina - 30 a.C.



Galería de obras


Comentario

A la muerte del rey de Egipto Ptolomeo Auletes, la corona quedó en manos de sus dos hijos: Ptolomeo y Cleopatra que debían desposarse. La joven deseaba conquistar el poder en solitario por lo que inició una serie de maniobras para acabar con la vida de su hermano. La corte, que le era hostil, acusó a Cleopatra de tratar de matar al rey lo que obligó a huir a la joven reina. Su próximo movimiento sería ponerse al frente de un ejército para desencadenar una contienda civil.
La llegada de César a Egipto persiguiendo a Pompeyo dará un nuevo empuje al enfrentamiento fratricida. Ptolomeo apuesta por César y hace asesinar a su enemigo. Pero Cleopatra no dudó en utilizar su encanto femenino para hacerse con el apoyo del romano, acudiendo al palacio y seduciendo al gran general. La derrota de Ptolomeo fue el siguiente paso, consiguiendo la bella reina su propósito. Durante nueve meses César y Cleopatra vivieron una intensa historia de amor de la que nació Cesarión.
Una vez más Cleopatra va a participar en la historia de Roma cuando Antonio se hizo dueño del Asia Menor. Tras la batalla de Filipos (42 a.C.) Antonio se reunió con ella en Tarso. La llegada de la reina fue espectacular y con su belleza y encanto conquistó también el corazón del general romano. En el año 37 ambos se desposaron para convertir en realidad uno de sus sueños: la creación de una gran monarquía oriental al margen de Roma. Para evitar esta empresa Octavio dirigió sus fuerzas a Oriente donde se libró la batalla de Accio (31 a.C.) en la que Antonio salió derrotado. Cuando Octavio se personó en Alejandría para contemplar aquella belleza que había cautivado a los dos mejores generales romanos, Cleopatra intentó hacer lo mismo con él pero la edad de la reina y el carácter frío de Octavio motivaron que la maniobra de seducción no obtuviera el deseado resultado. Octavio informó a la reina egipcia de sus intenciones de llevarla a Roma como parte de su cortejo triunfal. Una humillación de ese talante no era admitido por Cleopatra que no dudó en encerrarse en su palacio y suicidarse poniéndose un aspid en el pecho. Cuando Antonio conoció la noticia de la muerte de su amada corrió el mismo destino.

Páginas relacionadas