Abd al-Rahman III

Abd al-Rahman III recibiendo una embajada cristiana
Nacionalidad: Al-Andalus
891 - 961
Califa 912 - 961



Galería de obras


Comentario

La situación de al-Andalus era tremendamente negativa cuando falleció Abd Allah y designó como sucesor a su nieto Abd Al-Rahman III. Tenía sólo 21 años pero ya había demostrado interesante dotes políticas que pronto puso en marcha desde su nuevo cargo. Las perspectivas no eran favorables al mantenerse la rebelión de Umar, dominar los señores de las Marcas la mayor parte del territorio y manifestarse dos graves peligros externos: el reino cristiano de Asturias en el norte y los fatimíes en la actual Túnez. Su primer objetivo será restablecer el orden interno, dirigiendo varias campañas victoriosas contra Umar. Los partidarios del joven emir controlaban las plazas fuertes y los castillos de la zona rebelde, poniendo fin a la revuelta en el año 928 tras tomar la plaza de Bobastro. Las capitales de las diferentes Marcas cayeron también bajo su órbita. Toledo era tomada en 932, Badajoz dos años antes y Zaragoza en el año 937. Una vez solucionados los problemas internos Abd Al-Rahman III pudo dedicarse con fuerza a detener las incursiones cristianas procedentes del norte. Los primeros éxitos -victoria de Valdejunquera (920) donde se vengaba la derrota de San Esteban de Gormaz de tres años antes y se dominaba la zona sur de Navarra- se vieron alterados por las campañas dirigidas por el rey asturiano Ramiro II, especialmente el enfrentamiento en la batalla de Simancas (939) que cayó del lado cristiano, suponiendo un duro varapalo para los andalusíes. Ramiro extendió sus dominios hasta las cercanías de Salamanca pero la muerte del monarca asturiano en el año 950 motivó que Abd Al-Rahman III impusiera su soberanía a los reyes de León y Navarra y a los condes de Barcelona y Castilla, aprovechando su debilidad. El reconocimiento de la soberanía andalusí iba acompañado del pago de un tributo anual.
Otro peligro para al-Andalus procedía del sur donde los fatimíes se habían hecho fuertes. Precisamente la amenaza fatimí motivó que Abd Al-Rahman III tomara los títulos de califa, príncipe de los creyentes y defensor de la religión de Dios en el año 929. Con este cargo reivindicaba la independencia política andalusí frente a una autoridad superior, procediera ésta de Bagdad o de Túnez. Un paso más en el control del norte de Africa será la conquista de las plazas de Melilla, Tánger y Ceuta. Las fronteras del reino manifestaban general tranquilidad lo que motivó el desarrollo económico y la prosperidad. El califa controlaba el poder de manera absoluta e inició contactos diplomáticos con los Estados europeos, especialmente con Bizancio y el emperador Otón I. Dentro de este próspero ambiente destaca la construcción de numerosas obras públicas y monumentos en Córdoba, destacando la edificación de una nueva ciudad residencial para la corte en las cercanías de Córdoba: Madinat al-Zahra. Este periodo de paz y prosperidad será continuado por su sucesor, Al-Hakam II.

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