Montagnier, Luc y Gallo, Robert

Robert Gallo (izq) y Luc Montagnier (Foto Revista JANO, Medicina y Humanidades)
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Comentario

Las investigaciones acerca del origen, transmisión y curación de la enfermedad del SIDA, no la más mortal pero sí la de mayores repercusiones sociales de las décadas de los 80 y 90, se aceleraron gracias a la labor de estos dos investigadores. Aunque litigantes en cuanto a la paternidad del descubrimiento, el mérito de ambos es haber contribuido enormemente a conocer los mecanismos, en especial el foco de origen, de la enfermedad, lo que permitió posteriormente un avance de la investigación en otros aspectos concretos, como la prevención y la terapéutica.
Luc Montagner, francés, nació en Chabris (Indre), el 18 de agosto de 1932.
Tras doctorarse en Medicina en la Universidad de Poitiers, se dedicó a la docencia, comenzando a partir de 1967 a realizar investigaciones de laboratorio sobre virología. En 1972 fue nombrado jefe de la Unidad Oncológica Viral del Instituto Pasteur, siendo también designado en 1974 director del CNRS, Centro Nacional de Investigaciones Científicas.
Su brillante carrera como investigador le permitió en 1983 ofrecer a la comunidad internacional lo que será uno de los mayores descubrimientos de las últimas décadas del siglo XX, el virus del SIDA. Esta enfermedad, más propiamente denominada Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, causó la alarma social a partir de la década de los 70, al desconocerse los mecanismos de transmisión y la terapia a seguir en caso de infección. Su resultado es, como indica su nombre, una reducción en la efectividad del sistema inmunológico que hacen al sujeto vulnerable a cualquier tipo de infección.
Desconocido no sólo el origen de la enfermedad sino el agente causante, las investigaciones de Montagnier y, como veremos, Gallo, permitieron conocer que la infección tenía un origen vírico, describiendo además el funcionamiento de éste.
La controversia sobre la paternidad del descubrimiento enfrentó a Montagnier con Gallo. Éste, estadounidense, nacido el 23 de marzo de 1937 en Waterbury (Connecticut), estudió Medicina en las universidades de Jefferson, Filadelfia y Yale. Tras doctorarse en 1965, trabajó como residente en la Universidad de Chicago. Su brillante carrera científica le llevó a ser nombrado en 1968 investigador en el Instituto Nacional del Cáncer (NIH), en Bethesda, siendo, entre 1969 y 1972 director de la Sección de Mecanismos de Control Celular. A partir de 1972 fue el máximo responsable del Laboratorio de Biología Celular de Tumores.
En 1980, Gallo comunicó su descubrimiento del primer retrovirus humano, el linfotrópico-T humano de tipo I (HTLV-I), que, transmitido por contacto sanguíneo y sexual, es la causa de un 1 por ciento de las leucemias.
Un año más tarde, simultáneamente Gallo y Montagnier dan inicio a sus respectivas investigaciones sobre factor que provoca la aparición del SIDA.
El primero en dar a conocer el resultado de sus averiguaciones es Montagnier, quien 1983, junto a Chermann y Barré-Sinoussi, publicó un trabajo en el que describían un virus que llamaron VAL (virus asociado a linfoadenopatía), proporcionando además una prueba de sangre que posibilitaba la detección de los anticuerpos del virus.
El año siguiente, Gallo anunciaba que la paternidad del descubrimiento y la prueba de sangre le correspondía a él, dando inicio a una polémica en la que intervinieron los jefes de gobierno de ambos países, Reagan y Chirac. La conclusión, por el momento, fue conceder a ambos el mérito del descubrimiento.
No obstante, la discusión se prolongó durante varios años, conociendo varios episodios. A pesar de que en 1898 ambos científicos publicaron un artículo conjunto en Scientific American que parecía acabar con la polémica, en noviembre de ese año el Chicago Tribune descubrió que los trabajos de Gallo se basaban en unas muestras de sangre que le habían sido enviadas por Montagnier. El asunto estaba ya siendo investigado por la Oficina de Integridad Científica del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, que dictaminó que Gallo había realizado un fraude e incurrido en mala conducta. Nuevamente en 1992, un informe del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos dio la razón a Montagnier.
Ambos investigadores, por su parte, decidieron en enero de 1993 trabajar conjuntamente en la investigación sobre el virus. Como resultado, ese mismo año se descubrió el virus HHV-7, un factor que atacaba el VIH cuyo hallazgo permitía abrir un camino en la lucha contra la enfermedad
En 1995, Gallo pasó al Instituto de Virología Humana de la Universidad de Baltimore (Maryland), donde descubrió tres factores susceptibles de impedir la reiteración del virus del SIDA, lo que podía significar en el futuro el hallazgo de la tan ansiada vacuna.
Polémicas aparte, lo que es cierto es que entre ambos han conseguido un avance notabilísimo en la lucha contra una enfermedad de hondo calado social, dada su virulencia y significación. Erróneamente restringida en principio a grupos de riesgo concretos en virtud de su mecanismo de transmisión (sangre y semen), como homosexuales, heroinómanos y hemofílicos, lo que llevó a ciertos comportamientos de exclusión, su avance se ha extendido en los últimos años al resto de la población. Estos factores, y la relevancia de algunas de sus víctimas, han incidido en que para la lucha contra la enfermedad se hayan dedicado ingentes cantidades de recursos tanto humanos como materiales, estando actualmente muy avanzada la creación de una vacuna. Por otro lado, para los pacientes ya infectados, la combinación de fármacos y compuestos, como el AZT, permiten obtener buenas perspectivas en contra de la enfermedad y han logrado retardar los efectos destructivos que mostraba en los primeros tiempos. A pesar de ello, el tratamiento, muy caro, sigue siendo una quimera para la inmensa mayoría de los infectados o poblaciones de riesgo, especialmente en África, de donde parece ser que surgió la enfermedad.
Las vidas de Montagnier y Gallo han seguido caminos paralelos, pues han obtenido numerosos reconocimientos por su labor científica. El primero de ellos ha obtenido la legión de Honor, la Orden Nacional del Mérito y el Premio de la Fundación Científica y Tecnológica de Japón. Gallo, por su parte, ha sido galardonado con el Lasker Award for Basic Biomedical Research (1982), el General Motors Cancer Research Award (1984), el Armand Hammer Cancer Research Award (1985), el Lasker Award for Clinical Research (1986) y el Gairdner Foundation Award. Además ha sido varias veces candidato al Nobel de Medicina.

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