Monasterio de Santo Domingo de Silos

Fecha: Fecha: 670 - 1050



Comentario

El monasterio de Silos se funda en el siglo VII, pero vive su momento de esplendor en el siglo XI, cuando Santo Domingo fue su abad.
La vida de la comunidad monástica tiene como centro el claustro. En la zona este se hallaba el scriptorium, donde se copiaban con paciencia los manuscritos. Este scriptorium ya estaba activo en el siglo X y de allí salieron sensacionales códices como el llamado Beato de Silos.
El claustro silense tiene dos plantas; el bajo se construyó entre la segunda mitad del siglo XI y el XII; el alto está fechado también en el siglo XII. El claustro tiene una planta cuadrada, con 16 arcos en las galerías norte y sur y 14 en las galerías de oriente y poniente. Los arcos son de medio punto y se sujetan sobre pares de columnas, algunas de ellas torsas, elemento que define la originalidad de esta edificación. Los capiteles están decorados con relieves vegetales, animales o escenas historiadas.
Pero la decoración más impactante de Silos la encontramos en los machones, donde descubrimos ocho bajorrelieves con escenas del ciclo cristológico. Los seis primeros relieves se atribuyen a un mismo maestro. En el ángulo nororiental se sitúan la Ascensión y el Pentecostés; las dos composiciones tienen en común la disposición en altura de sus figuras, en el primer caso pendientes de la subida a los cielos de Cristo y en el segundo de la mano divina rodeada de ángeles.
En el segundo machón hallamos la Sepultura y la Resurrección y el Descendimiento de la Cruz. En la primera composición se representan dos escenas de manera conjunta, algo muy típico en la iconografía medieval; la segunda escena tiene como eje el cuerpo de Cristo, rodeado por sus discípulos y su madre, mientras que en la parte superior los ángeles portan el sudario.
En el tercer machón aparecen otras dos escenas: los Discípulos de Emaús y la Duda de santo Tomás. Los discípulos y Cristo ocupan todo el espacio compositivo, dando sensación de movimiento gracias a sus ligeros pies descalzos; en la duda de santo Tomás las figuras se enmarcan en dos finas columnas, dispuestas en tres grupos; sobresale la figura mayor de Cristo, con el brazo derecho levantado para permitir que Tomás introduzca los dedos en la herida mortal de su costado.
El último machón pertenece a una segunda etapa. La Anunciación es una bella escena protagonizada por una Virgen triunfante a la que el arcángel Gabriel da la buena nueva; en el árbol de Jessé se muestra la genealogía de Cristo, adaptándose cada figura al espacio, en una simetría que recuerda a las decoraciones islámicas.
El modelado de los relieves es muy suave. Los personajes presentan esbeltas proporciones y en algunas ocasiones se produce cierta ilusión de movimiento.

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