Vermeer y los pintores de género

Fecha: Fecha: 1632 - 1675



Comentario

En el siglo XVII Delft era una de las ciudades más prósperas de los Países Bajos gracias a su floreciente comercio y su industria, especialmente la porcelana. En 1650 contaba con unos 25.000 habitantes pero cuatro años más tarde se produce el estallido del polvorín municipal, momento que supone el inicio de la recesión económica al resultar destruida la mayor parte de la ciudad.
En las décadas centrales del siglo XVII se desarrolla en Delft una activa escuela de pintura que lleva su nombre, escuela en la que destaca la personalidad de Johannes Vermeer.
Vermeer nace en Delft en el año 1632, siendo bautizado el 31 de octubre. Sus padres regentaban una hostería que era frecuentada por algunos artistas, lo que pudo incitar al joven a dedicarse a la pintura.
Desconocemos quién fue el maestro de Vermeer, apuntándose a Carel Fabritius, alumno de Rembrandt llegado a Delft en 1650 y fallecido en esta ciudad víctima de la explosión del polvorín. En 1653 Vermeer ingresa en la Cofradía de San Lucas y contrae matrimonio con Catharina Bolnes, joven de religión católica. El matrimonio tendrá quince hijos, de los que ocho vivirán en el hogar familiar a la muerte del pintor.
El análisis de los rasgos estilísticos y referencias documentales han permitido establecer cuatro etapas en su producción. En primer lugar nos encontramos con los trabajos de juventud, correspondientes a años posteriores a su ingreso en la Cofradía de San Lucas, por lo que no pueden ser consideradas trabajos de aprendizaje.
En esta primera etapa, Vermeer trabaja en un estilo diferente y en una temática alejada de la que le va a caracterizar, aproximándose a la pintura italiana. Empleará un lenguaje italianizante, habitual de un pintor de historias, lo que ha llevado a considerar a algunos especialistas que el pintor holandés conoció de cerca la pintura italiana, bien a través de un viaje o a través de la contemplación de obras italianas en las ciudades cercanas a Delft.
En La alcahueta, fechada en 1656, observamos un estilo diferente a las dos obras anteriores, incluyéndose el tema en la pintura de género holandesa, apareciendo ya algunas notas que caracterizan el estilo posterior de Vermeer.
Estas notas mas vermeerianas las encontramos también en Joven dormida, obra considerada de transición. En ella destaca especialmente la privacidad en la que se desarrolla la escena, una de las características más significativas del Vermeer maduro.
La segunda etapa de Vermeer se caracteriza por la inclusión de la temática de género, la influencia de Pieter de Hooch y el tratamiento personal de la luz y el espacio, inspirándose en el tratamiento lumínico de Rembrandt. Desconocemos cuál fue la razón por la que Vermeer abandonó el estilo italiano de sus primeras obras. Se han argumentado razones de índole económico -las pinturas de género se vendían con mayor facilidad aunque también eran más baratas- y artístico ya que en el año 1650 numerosos artistas se interesan por la temática cotidiana.
En la década de los sesenta se inicia la tercera etapa del maestro. Vermeer se interesa especialmente en pintar damas leyendo, haciendo música, asomándose a la ventana, escribiendo una carta o recibiéndola, ajustándose una gargantilla... Es la mejor etapa del artista. En estas obras se aprecia la influencia de Frans van Mieris y de Gerard Ter Borch, aunque encontramos elementos diferenciales como la contención y diferente concepción de la anécdota. Las escenas domésticas pintadas por Vermeer apenas tienen "ruido", predominando la privacidad de la escena que el pintor representa. Las mujeres se hallan frente a una ventana, destacadas respecto de la pared del fondo, erguidas y concentradas en su actividad. Sólo varía la decoración de la habitación en que se encuentran.
Otro de los grandes temas de Vermeer son las relaciones, a veces galantes, entre hombres y mujeres. En este asunto encontramos mayores dosis de pintoresquismo, siguiendo las pautas de la pintura holandesa de género. Sin embargo, dominan la ambigüedad respecto a las relaciones de los actores, la contención y la representación de una vida tan serena como fugaz.
La carta es, junto con la música, el tema preferido de Vermeer. El artista se atiene a las convenciones de la época y la carta es una misiva amorosa, alcanzando en estos trabajos quizá sus momentos más sublimes.
También de esta década de los sesenta son las dos obras de Vermeer que podemos considerar paisajes de Delft: La callejuela (1661) y la Vista de Delft (1661). En ambas encontramos vinculaciones con las pinturas de Pieter de Hooch, pero también profundas diferencias. La Vista de Delft, una obra singular en el seno del paisajismo holandés, nos presenta una vista de la ciudad desde una posición distante, con algunas pequeñas figuras en primer plano, realizada con un naturalismo radical y una pasmosa fidelidad óptica, casi fotográfica, lo que ha hecho pensar a algunos especialistas en el uso de la cámara oscura. El resultado es una pintura única en su género.
En las últimas obras algunos autores quieren ver una decadencia manierista en la manera de pintar de Vermeer, aludiendo a un cierto cambio estilístico, lo que sería su cuarta etapa. El Arte de la Pintura, realizada hacia 1662-65, y Alegoría de la Fe, pintada hacia1672-74, parecen escapar de las pautas habituales de las obras de Vermeer. En ellas destacan la sobriedad de la construcción y la nitidez del volumen de las figuras y de los objetos. También podemos apreciar un significativo cambio en la luz, apreciándose un contraste entre luz y sombra mucho más acusado.
En diciembre de 1675 Vermeer fallece en su ciudad natal, dejando viuda y ocho hijos huérfanos. Huérfanos también se quedaban los pintores de la Escuela de Delft que perdían a su mejor maestro.
La pintura de género tuvo un especial desarrollo en el Siglo de Oro holandés. Los cuadros de pequeño formato con escenas de la vida familiar o popular que se desarrollan en casas, ventas o tabernas serán muy populares entre los burgueses aficionados a la pintura. La amplia demanda de este tipo de pintura provocará la especialización de un buen número de pintores.
Entre los maestros de la primera generación destaca Adriaen van Ostade, interesado por escenas de la vida popular vistas en clave groteca.
La mayor parte de las escenas de género pintadas por Jan Steen se caracterizan por el toque humorístico de sus personajes, ilustrando proverbios o incluyendo mensajes moralizantes.
El alumno de Rembrandt, Gerrit Dou, es el iniciador de un estilo de pintura de género caracterizado por el pequeño formato y la minuciosa representación de los detalles y las texturas, estilo que dejó amplia huella en las generaciones posteriores.
La forma de representar el espacio será una de las especialidades de Nicolaes Maes, alumno aventajado de Rembrandt. En sus interiores domésticos creará el espacio cúbico e ilusionista que tanto admirarán De Hooch o Vermeer.
En el tercer cuarto de siglo la pintura de género estará dominada por Ter Borch, Pieter de Hooch y Vermeer.
Gerard Ter Borch se especializa en pintar escenas de género protagonizadas por personajes de la clase media dedicados a actividades domésticas o figuras en actitud contemplativa vestidas con elegantes trajes ubicadas en lujosos interiores.
Pieter de Hooch se especializa en escenas cuidadosamente ordenadas protagonizadas por escasas figuras. Su forma de tratar la luz, la geometría de sus composiciones o la inclusión de varios espacios en la escena son características de sus trabajos, convirtiéndose en uno de los principales maestros del género.
Gabriel Metsu recrea en sus cuadros de género la vida de la burguesía holandesa del siglo XVII, tratada con un especial encanto gracias a las armonías cromáticas y las calidades táctiles que aplica a sus trabajos.

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