La carta de amor

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Comentario

La carta es, con la música, el tema preferido de Vermeer. Esta escena que conserva el Rijksmuseum de Amsterdam es uno de sus mejores ejemplos.
En primer plano apreciamos el estrecho corredor que conduce a la sala donde se desarrolla la acción. En la pared izquierda del corredor se vislumbra ligeramente un mapa, mientras en la derecha observamos una cortina que nos permite contemplar una silla. En esta silla se depositan algunas partituras, aludiendo posiblemente el pintor a la música como vehículo para el amor.
En la zona baja de la composición encontramos la escoba y unos zuecos, objetos que marcan el límite entre la oscura antecámara y la luminosa estancia en la que vemos la cesta de ropa blanca iluminada por el sol y el cojín para hacer bordados.
En el centro de esta estancia, junto a la chimenea, se sienta la dama, que ha dejado momentáneamente de tocar el laúd para recibir la carta que le acaba de entregar la criada. Esta mira a su señora de manera cómplice, indicando que está al corriente de sus pasiones secretas. En la pared cuelga una marina y un paisaje, por lo que nos encontramos en una casa burguesa.
Los diferentes elementos se sitúan de manera paralela al espectador, utilizando Vermeer la bicromía de las baldosas para crear el efecto de perspectiva. La iluminación crea intensos contrastes de luz y sombra provocados por un potente foco de luz procedente de una ventana en la derecha, imposible verla por la disposición del pintor al situarse en la antecámara. Al mismo tiempo, esa potente luz produce un sensacional efecto atmosférico y resalta las brillantes tonalidades, especialmente el amarillo de los vestidos de la dama y el azul de los de la criada.