El Greco, forma y espíritu

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Comentario

El Greco es el nombre por el que popularmente se conoce a Doménikos Theotokópoulos, uno de los artistas que mejor supo entender y desarrollar el Manierismo. Nació en 1541 en la localidad de Candía, actual Heraklion, capital de la isla de Creta, que en aquel momento era posesión de la Serenísima República de Venecia.
Los Theotokopoulos pertenecían con toda probabilidad a la colonia católica de Candía, recibiendo el joven Doménikos una acertada y amplia formación humanística. Artísticamente parece probable que se formara en el taller de un pintor de iconos llamado Juan Gripiotis, aunque parece tener también contacto con Georgios Klontzas, el mejor pintor cretense del momento.
El Greco pronto alcanzó una importante posición entre los pintores locales, siendo denominado "maistro" hacia 1563. Candía se quedaba pequeña para las ambiciones de Doménikos y decidió abandonar la isla para continuar su aprendizaje. Entre enero de 1567 y agosto de 1568 El Greco parte hacia Venecia, donde vivían unos 4.000 griegos, entre los que podía estar su hermano Manussos. No existen datos fidedignos de su etapa en Venecia, aludiéndose más tarde a una estancia en el taller de Tiziano. El Greco realizará en Venecia un trabajo de asimilación de la pintura renacentista, como se observa en sus obras. Reaccionó recogiendo de manera ecléctica lo que le pareció interesante de los diferentes maestros que trabajaban en la Serenísima República: Tiziano, Tintoretto, Veronés, Bassano, Pordenone o Schiavone, interesándose especialmente por el Manierismo.
Tres años después de su llegada a la Ciudad de los Canales, Doménikos se traslada a Roma, donde pasará siete años. Desconocemos las razones de este viaje, posiblemente por la importante competencia que existía en Venecia, mientras que en la Ciudad Eterna existían más posibilidades de recibir buenos encargos. En noviembre de 1570 está en Roma y contacta con el miniaturista Giulio Clovio, iniciando una estrecha amistad que permitió a Doménikos ingresar en el palacio de uno de los mecenas más importantes de su tiempo: el Cardenal Alejandro Farnesio.
Doménikos aprovechó las oportunidades de formación que se le brindaron, estudió las colecciones del cardenal y su bibliotecario, admiró la obra de Miguel Angel y los manieristas romanos, y fue admitido en la Academia de San Lucas en 1572, eso sí, dentro de la modesta categoría de miniaturista. Esta noticia indica que El Greco no destacó mucho en el competitivo mundo romano, sin conseguir ningún encargo público de importancia.
En Roma conocerá a quien será su primer valedor en España: don Luis de Castilla, joven clérigo e hijo del deán de la catedral de Toledo.
Hacia 1575 Doménikos empezaría a considerar su marcha a España, adonde llegaría en 1577, pasando una temporada por la Corte madrileña para después trasladarse a Toledo, donde recibirá sus dos primeros encargos: el Expolio de Cristo y los retablos del convento de Santo Domingo el Antiguo. Los documentos relacionados con ambos encargos indican que El Greco estaba en Toledo de paso, teniendo en mente intentar de nuevo triunfar en Madrid. Ésta sería la razón por la que realiza una serie de obras para el rey Felipe II: la Alegoría de la Liga Santa y el Martirio de San Mauricio. Estas obras no fueron del agrado del Rey Católico por lo que Doménikos se instala definitivamente en Toledo, ciudad donde triunfará el resto de su vida.
Allí contará con la protección de un importante número de personajes cultos e influyentes, que le encargarán sus obras más espectaculares, estableciendo relaciones de amistad con la mayor parte de ellos. En Toledo formará El Greco una familia, aunque apenas existan datos en este sentido. Parece probable que nada más llegar a España inicia una relación con doña Jerónima de las Cuevas, naciendo Jorge Manuel en 1578.
En la Ciudad Imperial formó El Greco su próspero taller, dedicándose a la elaboración de cuadros y el diseño de retablos. Los precios cobrados por las obras que realizaba el taller eran elevados para lo que acostumbraban a pagar los clientes españoles, lo que provocó numerosos litigios.
Paulatinamente Doménikos se irá afianzando entre la clientela toledana, de la que recibe sus mejores encargos: entre 1586-1588 el famoso Entierro del señor de Orgaz; diversos retablos para instituciones religiosas tanto de Toledo como de Madrid - el famoso encargo del Colegio de doña María de Aragón, que actualmente ocupa el edificio del Senado español - o pueblos limítrofes como Illescas o Talavera la Vieja. Sus personajes se hacen cada vez más estilizados, en un estilo muy personal, con figuras desproporcionadas, colores violentos y vibrantes, fuertes escorzos que consigue calar profundamente en la mística sociedad toledana. Algunos especialistas han llegado a especular sobre una posible enfermedad visual como causante de esas deformaciones, pero recientes estudios han demostrado que El Greco empleaba ese estilo porque era de su agrado y también del de su clientela.
En Toledo fallecerá Doménikos el 7 de abril de 1614 a la edad de 73 años, según consta en la partida de defunción que se encuentra en la parroquia de Santo Tomé. Se sabe que fue enterrado en la iglesia del convento de Santo Domingo el Antiguo, en un altar cedido en 1612 por las monjas "para siempre jamás" a cambio de 32.000 reales, condonados por un monumento para la Semana Santa y por el compromiso de decorar el altar. No sabemos en la actualidad dónde se ubica el cuerpo del gran pintor cretense, cuya vida resume en unos versos su buen amigo el poeta Fray Hortensio Felix Paravicino: "Creta le dio la vida y los pinceles, / Toledo mejor patria, donde empieza / a lograr con la muerte eternidades".

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