La Capilla de los Magos, por Benozzo Gozzoli

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Comentario

En la via Larga de Florencia se levanta, majestuoso, el Palazzo Médici, construido a mediados del siglo XV por Michelozzo por encargo de Cosme el Viejo. Una de sus piezas capitales es la Capilla, pintada al fresco por Benozzo Gozzoli.
El eje de la estancia es la Adoración del Niño, cuadro pintado por Filippo Lippi, hacia el que se dirige el amplio cortejo de los Reyes Magos para adorarle.
En la pared oriental se representa a Gaspar y su cortejo. Procedentes de Asia, el rey, símbolo de la juventud, porta incienso como regalo al Niño, incienso que se identifica con la fe y el color blanco que viste Gaspar.
Baltasar y su cortejo se representan en la pared del mediodía, ya que proceden de Africa, razón por la que el rey es negro. Vestido de verde, el color de la esperanza, Gozoli ha representado al rey en plena madurez. Su ofrenda es la mirra, utilizada para embalsamar los cuerpos, recuerdo de lo mortal.
El rey Melchor viene de occidente, el lugar donde se pone el sol, y se representa en la pared oeste. Lleva como ofrenda al Niño Jesús el presente del oro, regalo digno de un rey que se identifica con la caridad, por lo que Melchor viste de rojo. El rey representa la sabiduría y la experiencia de la edad avanzada.
A ambos lados del cortejo se han pintado grupos de ángeles, querubines y serafines cantando al Niño.
Cosme el Viejo, su hijo Piero y su nieto Lorenzo acompañan el cortejo de los Reyes, junto a sus invitados de otras cortes, entre los que destaca Galeazzo María Sforza, hijo del duque de Milán, sobre un caballo blanco. Los miembros de las grandes familias florentinas y los representantes de la Banca Médici en Brujas, Lyon o Roma esperan la llegada del cortejo. Las escenas de caza que se desarrollan en el paisaje, con perros y leopardos adiestrados, completan una imagen cortesana que refleja cómo la caza era un ejercicio propio de la nobleza.
Como si de una representación teatral se tratara, unos primeros planos sirven de escenario a los protagonistas de la historia, mientras en los fondos la línea serpenteante del cortejo marca la profundidad espacial en unos paisajes de rocas, vegetación, ciudades y castillos diseñadas con un orden geométrico. La obra de Gozzoli se caracteriza por la presencia de reminiscencias góticas -el empleo del oro-, la recuperación de la Antigüedad clásica - los caballos o los retratos de perfil- y la admiración por la pintura flamenca -el detallismo y el gusto por la anécdota-. Entre las tonalidades destacan los azules de lapislázuli, los rojos y los verdes, colores identificativos de la familia Médici.

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