La noche triste

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Comentario

Asentados los españoles y sus aliados tlaxcaltecas en la gran capital mexica, Tenochtitlan, desde el 8 de noviembre de 1519, los éxitos de Cortés llegaron a los oídos del gobernador de Cuba, Diego Velázquez quien, celoso, resolvió enviar una tropa al mando de Pánfilo de Narváez para capturarlo y enviarlo a Cuba. El conocimiento de este hecho obligó a Cortés a salir de la ciudad y dirigirse a Cempoala para atajar a las tropas de Narváez, dejando a Pedro de Alvarado como responsable de las huestes cristianas y sus aliados indios. En un alarde más de astucia, dirigió un ataque por sorpresa que consiguió reducir a las tropas de Narváez e incorporarlas a su ejército, formado ahora por 1.300 hombres con 96 caballos y 160 ballesteros y escopeteros.
Entretanto, en Tenochtitlan los mexica se preparaban para celebrar la gran fiesta del mes "toxcatl" en honor de sus dioses principales, autorizada por Cortés a cambio de no realizar sacrificios humanos. Los españoles comenzaron entonces a sospechar que la fiesta podría ser el comienzo de una rebelión, posiblemente alentados por sus aliados indios, y así, el mismo día de la fiesta, cuando toda la nobleza mexica se hallaba reunida, Alvarado ordenó el asesinato de más de seiscientos señores principales. La respuesta indígena no se hizo esperar, y al regreso de Cortés a la ciudad se encontró a sus hombres cercados, hambrientos y desesperados. Intentó calmar la situación obligando a Moctezuma a dirigirse a la multitud desde el balcón de palacio, pero resultó asesinado sin que las crónicas acuerden si fueron las pedradas o flechas de la multitud o el puñal de un español.
Hostigados y hambrientos, los españoles y sus aliados resuelven abandonar cautelosamente la ciudad siete días más tarde, la noche del 30 de junio de 1520, no sin antes repartir el oro entre los hombres y apartar el quinto para el rey. Puestos en camino por la Calzada de Tacuba, los primeros en salir consiguieron hacerlo sin ser advertidos, llevando consigo puentes portátiles de madera para cruzar los canales.
Al llegar al cuarto canal, una mujer que sacaba agua los vio y dio el grito de alarma. Inmediatamente se corrió la voz y multitud de barcas y guerreros a pie se dirigieron hacia el canal para cortarles la retirada, pertrechados los mexica con escudos, macanas y lanzadardos.
Una multitud de flechas y piedras cayeron hacia los españoles, quienes respondieron a golpe de ballesta y arcabuz. Los muertos caían de uno y otro lado, mientras los supervivientes españoles intentaban avanzar a duras penas. El peso del botín de oro hundió a muchos en las aguas.
Al llegar al llamado canal de los toltecas, perseguido por los mexicas, numerosos españoles, indios y caballos se despeñaron, quedando el canal cegado por los cuerpos. Apoyándose en las víctimas consiguieron atravesarlo y llegar hasta Popotla. Tras una breve pausa, hasta allí llegaron "dando alaridos, hechos una bola en torno de ellos los mexicanos", apresando y matando a los españoles y a sus aliados. Estos se ven obligados a seguir huyendo, perseguidos, hasta Tacuba, donde muere el hijo de Moctezuma atravesado por un tiro de ballesta.
Luego de ahí vadearon un riachuelo, deteniéndose en la población de Otumba, protegida por una muralla de madera. El jefe del poblado les dio la bienvenida y les ofreció refugio y comida. Aquí, debieron rechazar un último y feroz ataque del que se salvaron de morir gracias a que consiguieron matar al capitán de los mexica. Las primeras luces del día hicieron cesar el ataque de los indios, quienes decidieron volver sobre sus pasos al "canal de los toltecas" y apropiarse de los dejado por los españoles en su huída: cañones, arcabuces, espadas, lanzas, albardas, arcos de metal y saetas de hierro. También se lograron cascos de hierro, cotas y corazas, escudos de cuero, de metal y madera. Y recuperaron el oro, en barras, en discos, en polvo, en collares...
Guiados por sus aliados, las tropas de Cortés alcanzaron la ciudad amiga de Tlaxcala una semana después. Estaban enfermos, heridos y despojados.
El resultado de la batalla fue desastroso para los españoles, contando centenares de bajas, entre ellas Ana, la hija de Moctezuma, embarazada de Cortés. El mismo Cortés perdió dos dedos de la mano izquierda. Las víctimas entre sus aliados, atacados con especial saña por los mexica, se contaron por miles.
Tras veinte días de reposo, Cortés comienza de nuevo la conquista de Tenochtitlan, abandonando la anterior actitud diplomática y organizando un calculado ataque por tierra y agua que, esta vez sí, dejará la ciudad en manos españolas.

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